La ubicación de una oficina ya no se define únicamente por el prestigio del corredor corporativo o la calidad del edificio. En México, la movilidad se ha convertido en uno de los factores más influyentes para las empresas al momento de decidir dónde instalarse, particularmente en mercados como la Ciudad de México y Monterrey.
Los largos tiempos de traslado han comenzado a impactar tanto en la operación de las compañías como en la experiencia diaria de los trabajadores. De acuerdo con datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en México una persona puede invertir en promedio más de una hora al día para trasladarse en transporte público, mientras que quienes utilizan automóvil destinan cerca de 52 minutos a sus recorridos.
Monterrey: oficinas diseñadas alrededor del automóvil
En Monterrey, la movilidad corporativa continúa estrechamente ligada al uso del automóvil. Factores como las altas temperaturas, las largas distancias urbanas y la limitada infraestructura peatonal han provocado que las empresas prioricen edificios con buena accesibilidad vehicular y suficiente estacionamiento.
De acuerdo con información de Datoz, dentro del segmento de oficinas Clase A+, el estándar de estacionamiento suele ser de un cajón por cada 30 metros cuadrados rentados. Sin embargo, existen desarrollos que ofrecen una proporción más amplia, de un cajón por cada 20 metros cuadrados, una característica que actualmente representa una ventaja competitiva frente a otros inmuebles.
Incluso, algunas compañías han tenido que buscar soluciones complementarias, como rentar espacios adicionales o implementar transporte privado para facilitar el traslado de sus empleados ante las limitaciones del sistema de transporte público regio.
Este contexto ha provocado que, en Monterrey, la movilidad sea un elemento directamente vinculado al valor comercial y la competitividad de los edificios corporativos.
CDMX: conectividad y transporte público impulsan corredores
La dinámica en la Ciudad de México es distinta. Aquí, la extensa red de transporte público ha convertido a la conectividad urbana en uno de los principales motores de demanda para el mercado de oficinas.
La cercanía con estaciones de Metro, Metrobús o vías de acceso masivo suele tener mayor peso que la disponibilidad de estacionamiento. Para muchas empresas, facilitar el acceso de sus empleados desde distintos puntos de la ciudad se ha vuelto una prioridad operativa.
Y en contraste, zonas corporativas como Santa Fe y Lomas Altas enfrentan mayores retos. Aunque concentran una importante oferta de oficinas de alta calidad, la limitada cobertura de transporte y los complicados accesos continúan afectando su desempeño.
Según cifras de Datoz, al cierre del primer trimestre de 2026, Santa Fe registró una disponibilidad cercana al 23%, mientras que Lomas Altas alcanzó casi 40%, reflejando las dificultades que enfrentan algunos corredores donde la movilidad sigue siendo un desafío estructural.
Las oficinas se adaptan a una nueva lógica urbana
Especialistas del sector coinciden en que la movilidad dejó de ser un tema secundario dentro del mercado inmobiliario corporativo. Actualmente, las empresas analizan variables como tiempos de traslado, accesibilidad multimodal y facilidad de conexión antes de firmar contratos de arrendamiento.
Finalmente, en un entorno donde atraer talento y mejorar la experiencia laboral son prioridades para las compañías, la ubicación ya no solo se mide en metros cuadrados o rentas, sino en la capacidad de reducir el tiempo que las personas pasan atrapadas en el tráfico.

