La vivienda vertical representa una alternativa para ampliar la oferta habitacional en la Ciudad de México, donde la ubicación de los nuevos desarrollos y su integración con el entorno son factores determinantes para construir un mejor hábitat. Sin embargo, aumentar el número de hogares en una zona no es suficiente: también se necesita infraestructura, acceso a servicios, seguridad y una gestión adecuada de los inmuebles a largo plazo.
Así, este enfoque coincide con los criterios de ONU-Hábitat, que consideran aspectos como ubicación, servicios, habitabilidad, accesibilidad, asequibilidad, seguridad de la tenencia y adecuación cultural para determinar si una vivienda responde a las necesidades de sus habitantes.
“Concentrar vivienda en zonas con empleo, transporte y servicios puede ayudar a aprovechar mejor el suelo y facilitar la vida cotidiana. La responsabilidad de un desarrollo también está en cómo se conecta con el entorno y qué condiciones se ofrece”, señaló Enrique Téllez, Co-Director de Desarrolladora del Parque.
Ubicación: menos traslados y mayor calidad de vida
Uno de los factores que deben evaluarse al elegir una vivienda es su ubicación. El costo de habitar un inmueble no se limita al precio de compra, la renta o la mensualidad de una hipoteca; también incluye los gastos y el tiempo que las personas destinan a trasladarse al trabajo, las escuelas, los centros de salud y los comercios.
Por ello, un desarrollo bien ubicado puede contribuir a reducir los desplazamientos y los gastos de transporte, además de liberar tiempo para el descanso, la convivencia familiar y otras actividades.
La cercanía al transporte público, los comercios, los espacios culturales y las áreas recreativas también influye en la experiencia de habitar la ciudad. No obstante, estos beneficios dependen de las necesidades de cada hogar y de las posibilidades reales de acceso a los servicios.
“Cuando hablamos de una vida urbanita, hablamos de disfrutar la ciudad como parte de nuestro hogar: caminar por la zona, acudir al comercio local, acceder a la oferta cultural y encontrarnos con otras personas. Tener estas posibilidades cerca permite dedicar menos tiempo a los desplazamientos y más a lo que queremos hacer; por eso, desarrollar vivienda también implica pensar en cómo sus habitantes se relacionarán con ella”, afirmó Téllez.
Infraestructura y servicios para sostener el crecimiento
Estas condiciones deben contemplarse desde la planeación del proyecto para evitar que el crecimiento habitacional rebase la capacidad de los servicios existentes o genere mayores presiones sobre las colonias.
La integración de los nuevos edificios con su entorno implica, además, considerar cómo se desplazan sus habitantes, qué servicios tienen disponibles y de qué manera el desarrollo se relaciona con los espacios públicos y la dinámica cotidiana del barrio.
De esta forma, el aprovechamiento del suelo mediante edificios de mayor altura puede contribuir a ampliar la oferta habitacional, siempre que exista una planeación que tome en cuenta tanto a los nuevos residentes como a quienes ya viven en la zona.
Mantenimiento y seguridad durante la vida útil del inmueble
“En una torre residencial, la calidad de vida también depende de lo que sucede todos los días: que los equipos funcionen, que las áreas comunes tengan mantenimiento y que existan reglas claras de convivencia. Prever cómo se va a administrar y conservar un inmueble es parte de la responsabilidad de desarrollarlo, porque las necesidades de sus habitantes continúan después de la entrega”, explicó Ingrid Acebo, directora de Proyecto de University Tower.
La conservación de un inmueble requiere mantener actualizados los expedientes técnicos, programar revisiones profesionales y establecer protocolos de actuación ante emergencias. También es necesario dar seguimiento a las instalaciones y los equipos para identificar posibles fallas y atenderlas oportunamente.
En la Ciudad de México, donde existe exposición a sismos, la seguridad estructural y el mantenimiento preventivo deben formar parte de una gestión continua. Para ello, es importante definir las responsabilidades de propietarios y administradores, así como prever los recursos necesarios para conservar el edificio en condiciones adecuadas.
Áreas comunes y convivencia vecinal
Su utilidad depende de factores como la accesibilidad, los horarios, el mantenimiento y los costos asociados. Por ello, estos espacios deben planearse considerando no solo su diseño, sino también las condiciones necesarias para mantenerlos en funcionamiento.
Una administración eficiente y reglas claras pueden contribuir a que las áreas comunes sean espacios funcionales y accesibles, en lugar de convertirse en una carga adicional para los habitantes.
El reto de ampliar el acceso a la vivienda
La vivienda vertical también forma parte de una discusión más amplia sobre el acceso a hogares bien ubicados en la capital. Si bien construir en altura puede aprovechar mejor el suelo disponible, el crecimiento de la oferta debe acompañarse de alternativas para distintos niveles de ingreso.
La asequibilidad, la permanencia de las comunidades y el acceso a servicios son factores que deben formar parte de las decisiones de desarrollo urbano. De lo contrario, la incorporación de nuevos proyectos no necesariamente se traducirá en mayores oportunidades para quienes buscan una vivienda adecuada en la ciudad.
En este sentido, el Día Mundial del Hábitat invita a reflexionar sobre cómo lograr que cada nuevo desarrollo contribuya a construir una ciudad mejor conectada, funcional y habitable, tanto para quienes llegan a ella como para quienes ya forman parte de su entorno.


