La oficina dejó de ser únicamente un lugar para trabajar. Hoy, para miles de colaboradores en México, el valor de acudir presencialmente depende de que el espacio realmente mejore su productividad, bienestar y calidad de vida.
La investigación se basó en cerca de 3,000 encuestas y 150 entrevistas realizadas en América Latina, y confirma que la flexibilidad laboral ya se consolidó como una prioridad para el talento. Actualmente, 56.9% de los trabajadores mexicanos prefiere modelos híbridos, aunque solamente 33% opera bajo ese esquema.
Uno de los factores que más pesa en esta decisión es el tiempo de traslado. El estudio identifica que reducir recorridos diarios se convirtió en el principal motivador para elegir esquemas híbridos, especialmente en ciudades como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, donde la movilidad urbana impacta directamente la productividad y el bienestar de los colaboradores.
El reporte también revela que muchos espacios corporativos actuales ya no responden a las expectativas del talento. Entre las principales molestias destacan los espacios abiertos y ruidosos, señalados por 37% de los encuestados; la falta de lugares suficientes para colaboradores, con 35.9%; y la ausencia de amenidades básicas como estacionamientos, áreas de descanso o comedores, mencionada por 35.2 por ciento.
“La conversación ya no gira únicamente alrededor de cuántos días se trabaja desde casa o desde la oficina. Lo que vemos es que el talento espera entornos más eficientes, flexibles y alineados con sus necesidades reales. La oficina necesita volver a justificar el traslado”, señaló Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica.
También, detecta diferencias generacionales importantes. Mientras generaciones mayores continúan priorizando estabilidad y funcionalidad, Millennials y Generación Z buscan oficinas con mayor flexibilidad, ergonomía, conectividad y espacios que contribuyan activamente a su experiencia diaria.
En paralelo, factores como inteligencia artificial, trabajo por resultados y bienestar laboral comienzan a influir en las decisiones inmobiliarias de las compañías, que enfrentan presión para adaptar sus espacios a modelos laborales más dinámicos y competitivos.
Las conclusiones del análisis apuntan a un cambio estructural para el mercado de oficinas en México: el futuro corporativo dependerá menos de imponer presencialidad y más de crear espacios capaces de ofrecer colaboración, bienestar, flexibilidad y valor real para quienes trabajan en ellos.

