El crecimiento de las ciudades y la necesidad de reducir el impacto ambiental de la actividad inmobiliaria están llevando al sector de la construcción a replantear la manera en que diseña, desarrolla y opera sus proyectos. En este escenario, la construcción sostenible se perfila como una herramienta para mejorar la eficiencia de los edificios y, al mismo tiempo, proteger su valor en el largo plazo.
Para Bernardo Barona, director de Expansión y Crecimiento de América Latina de Green Building Certification Inc. (GBCI), construir de manera sostenible debe entenderse como una decisión ambiental, pero también financiera.
Edificios más eficientes
La construcción sostenible parte de una premisa sencilla: utilizar de manera responsable los recursos durante las diferentes etapas de un inmueble, desde su diseño y construcción hasta su operación.
Un edificio sustentable es, en esencia, un edificio eficiente. Esto implica optimizar el consumo de electricidad, reducir desperdicios y administrar el agua de manera inteligente.
Para el mercado inmobiliario, esta eficiencia tiene una consecuencia directa: menores costos de operación durante la vida útil del inmueble.
De esta manera, la sostenibilidad deja de ser únicamente una característica ambiental para convertirse en un elemento que puede contribuir a la rentabilidad y competitividad de un proyecto.
El costo inicial no es toda la historia
Uno de los principales argumentos que todavía generan resistencia entre algunos desarrolladores es la percepción de que construir de manera sostenible necesariamente encarece las obras.
La planeación también es determinante. Cuando las decisiones relacionadas con eficiencia, materiales, energía y agua se toman desde las primeras etapas del proyecto y participan distintos equipos de manera coordinada, es posible reducir considerablemente los costos adicionales.
Ahora bien, la Guía de Implementación del Proceso Integrativo del Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS), citada por Barona, muestra que integrar estos criterios desde el inicio puede permitir desarrollar proyectos sostenibles prácticamente sin aumentar los costos iniciales y, al mismo tiempo, maximizar los ahorros durante su ciclo de vida.
Esto cambia la perspectiva sobre la inversión: el gasto destinado a sostenibilidad puede convertirse en una estrategia para generar rentabilidad a largo plazo.
Certificaciones para medir el desempeño
Otro elemento relevante para el mercado inmobiliario es la posibilidad de comprobar que un edificio realmente cumple con determinados criterios ambientales y de eficiencia.
Barona destaca el papel de estándares internacionales como LEED, particularmente su versión 5, como herramientas para evaluar de manera integral el desempeño sostenible de los edificios.
La certificación también aporta transparencia en un mercado donde la sostenibilidad puede convertirse en un argumento comercial. Contar con parámetros verificables permite diferenciar entre un proyecto que incorpora medidas concretas de eficiencia y uno que únicamente utiliza el concepto de sostenibilidad como parte de su estrategia de comunicación.
La descarbonización comienza en los materiales
Uno de los mayores retos para la industria está en reducir las emisiones asociadas a la fabricación y utilización de los materiales de construcción.
De acuerdo con informes sobre la descarbonización de la edificación elaborados por el U.S. Green Building Council (USGBC) y Green Building Certification Inc. (GBCI), América Latina representa alrededor de 4% de las emisiones globales. La región también cuenta con matrices eléctricas relativamente limpias en países como Costa Rica, Uruguay, Chile y Colombia.
Por ello, el desafío no se limita al consumo energético de los edificios. Una parte importante de la transformación debe ocurrir en las cadenas productivas y en la llamada huella incorporada de los materiales, es decir, las emisiones asociadas a su fabricación, transporte, utilización y eventual disposición.
Química e innovación para reducir CO2
La industria de materiales está explorando nuevas alternativas para disminuir la huella ambiental de los productos utilizados en las obras.
Entre ellas se encuentran insumos bajos en carbono, formulaciones de base biológica y tecnologías orientadas a reducir el uso de cemento y clinker, uno de los componentes cuya producción tiene una elevada huella de carbono.
Como ejemplo, Barona menciona el trabajo de Dow en el sector de la construcción química, donde desarrolla materiales diseñados con criterios de sostenibilidad desde su origen.
Entre las soluciones mencionadas se encuentran materiales de baja huella de carbono fabricados con energías renovables, alternativas de base biológica —como emulsiones acrílicas derivadas de bioetanol— y aditivos para adhesivos cerámicos que permiten reducir el contenido de cemento y clinker.
También existen emulsiones formuladas sin determinadas sustancias restringidas, como alquilfenoles etoxilados, amoníaco o formaldehído, y con bajo contenido de compuestos orgánicos volátiles (VOC).
El diseño determina buena parte del impacto
La selección de materiales no puede dejarse para el final del proceso constructivo. De acuerdo con Barona, las decisiones tomadas durante la etapa de diseño tienen un efecto importante en el impacto ambiental que tendrá un edificio a lo largo de su ciclo de vida.
Por ello, aspectos como la trazabilidad de los materiales, su composición química, eficiencia, procedencia y comportamiento durante la operación deben formar parte de las decisiones estratégicas del proyecto.
Esta perspectiva implica pasar de una visión centrada exclusivamente en cuánto cuesta construir un inmueble a otra que considere cuánto costará operarlo, mantenerlo y eventualmente adaptarlo o sustituirlo.
Para los desarrolladores, inversionistas y propietarios, el análisis del ciclo de vida adquiere así mayor relevancia.
Una transformación que requiere a toda la industria
La combinación de planeación temprana, innovación en materiales, eficiencia energética e hídrica, reducción de desperdicios y certificaciones independientes puede contribuir a crear edificios con un mejor desempeño ambiental y económico.
Así, el reto para las ciudades latinoamericanas será llevar estas prácticas de proyectos individuales a una transformación más amplia del parque inmobiliario.
En este proceso, la sostenibilidad puede dejar de ser considerada un costo adicional para convertirse en un criterio de competitividad. Los edificios que consumen menos recursos, generan menos desperdicios y reducen sus emisiones pueden ofrecer ventajas tanto ambientales como financieras.
Como plantea Barona, el camino hacia una construcción verdaderamente sostenible requiere articulación, ciencia aplicada y compromiso de todos los eslabones de la industria.