La transición energética mundial está avanzando, pero no de manera uniforme. La fragmentación geopolítica, el crecimiento de la demanda y la búsqueda de seguridad energética están modificando las decisiones de gobiernos y empresas, al tiempo que distintas tecnologías y fuentes de energía avanzan a diferentes velocidades.
En su análisis, el especialista señala que la transformación del sector está determinada cada vez más por las condiciones particulares de cada región. Mientras algunos mercados aceleran la incorporación de tecnologías de bajas emisiones, otros priorizan el crecimiento económico, la accesibilidad de la energía y la seguridad del suministro.
La demanda mundial sigue creciendo
Uno de los factores que está modificando el ritmo de la transición es el aumento de la demanda energética. Durante 2025, la demanda mundial de energía creció 1.7%, mientras que todas las fuentes de energía registraron incrementos.
Este comportamiento muestra que la economía mundial continúa necesitando más energía, incluso mientras aumenta la inversión en tecnologías orientadas a reducir las emisiones.
Como resultado, diferentes fuentes y tecnologías están desarrollándose de manera simultánea. Esto también está generando diferencias entre regiones y provocando que las trayectorias de emisiones se alejen, en algunos casos, de las rutas necesarias para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París.
El gas natural gana importancia estratégica
En este escenario, el gas natural y el gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) están adquiriendo mayor relevancia dentro de las estrategias energéticas de distintos países.
Su capacidad para complementar a las energías renovables, responder ante cambios en la demanda y diversificar las fuentes de suministro ha reforzado su posición como una herramienta para mantener la confiabilidad del sistema energético.
De acuerdo con Mundo, esta evolución apunta a que el gas natural conservará un papel importante en el sistema energético mundial durante las próximas décadas, más allá de su consideración tradicional como combustible de transición.
Esto implica que la transición energética no necesariamente significa una sustitución inmediata de unas fuentes por otras. En distintos mercados, las tecnologías renovables, el gas natural y otras fuentes de energía están creciendo de manera paralela para responder a necesidades diferentes.
América gana peso en el mercado petrolero
Otro cambio relevante se encuentra en la distribución geográfica de la oferta mundial de petróleo.
La producción combinada de América del Norte, Centroamérica y América del Sur ya supera a la de Medio Oriente, de acuerdo con el análisis de KPMG.
Esta transformación reduce la concentración geográfica de la oferta y puede contribuir a una mayor resiliencia del mercado ante interrupciones de suministro en una región determinada. También modifica el equilibrio entre los principales productores y la capacidad de la OPEP para influir en el mercado petrolero.
Una transición con estrategias regionales
Ante esta realidad, el análisis 2026 Statistical Review of World Energy de KPMG plantea cinco prioridades para replantear las estrategias energéticas:
- Reconstruir la estrategia desde una perspectiva regional, considerando las condiciones específicas de cada mercado.
- Convertir la resiliencia energética en una prioridad financiera, además de operativa, debido al impacto que las interrupciones pueden tener sobre las inversiones y los costos.
- Conocer la cadena de suministro más allá de los proveedores directos, para identificar posibles vulnerabilidades en niveles posteriores.
- Invertir en tecnologías con impulso comercial, considerando no solo sus beneficios ambientales, sino también su viabilidad económica.
- Desarrollar planes de transición ejecutables y defendibles, capaces de responder a cambios en la demanda, la regulación y el entorno geopolítico.
Para las empresas que desarrollan infraestructura y realizan inversiones de largo plazo, comprender estas diferencias será fundamental para anticipar costos, disponibilidad energética y riesgos asociados al suministro en los próximos años.