Las cadenas de valor internacionales están propiciando una integración global en la elaboración de múltiples productos, que ya no pueden ser manufactura exclusiva de una sola nación.

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Las cadenas de valor internacionales están propiciando una integración global en la elaboración de múltiples productos, que ya no pueden ser manufactura exclusiva de una sola nación.

Las etiquetas que normalmente leemos en los productos –Made in China, Made in Taiwan, ‘Hecho en México’, etc. – irán despareciendo paulatinamente para convertirse en etiquetado Made in the World; un modelo de negocios sustentado en las cadenas globales de valor (GVC, por sus siglas en inglés).

Con base en datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), desde 2013, los productos ‘hechos en el mundo’ representan el 80% del comercio a nivel mundial, lo anterior pese a que algunas naciones aún enfrentan dificultades al encontrar conexiones estadísticas adecuadas para lograr una correcta interacción internacional.

El término surgió a raíz de la globalización, la cual es de suma importancia para lograr una facilidad de diálogo entre los dirigentes de cada país y superar las fronteras internacionales.

 

 

Las GVC, el fundamento

Las cadenas globales de valor pueden definirse como un conjunto de actividades que se llevan a cabo en distintas localidades geográficas, ya sean regiones, países, etc., necesarias para la producción de algún bien o servicio. Éstas, según el Consejo de la Agenda Global del Foro Económico Mundial (World Economic Forum, WEF), se convirtieron en la espina dorsal y en el sistema nervioso de la economía global.

En cuanto al término valor, éste se refiere a que en cada uno de los eslabones de la cadena de producción se genera un valor añadido, es decir, que el producto final es más valioso que la suma de todos sus componentes.

Sus antecedentes se remontan a la década de los 50´s, cuando el economista alemán Albert O. Hirschman utilizó, por primera vez, el concepto linkages o chains, traducidos como ‘encadenamientos’. Años más tarde, en 1995, la fragmentación en las líneas de producción fue incrementándose, trayendo consigo efectos positivos como: a) Promover la innovación; b) Desarrollar mano de obra calificada; c) Aprovechar ventajas comparativas entre distintos países; d) Reducir los movimientos migratorios; e) Productos finales menos caros. Por ejemplo, tras la apertura de China, India y otras economías emergentes en la década de los 90´s, se ha logrado la aportación en cuanto a mano de obra de menor costo.

Hoy en día, instituciones latinoamericanas como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID); e internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el Banco Mundial (BM), han acogido el concepto de las GVC de modo activo en sus diferentes análisis y propuestas.

Desde hace varias décadas, el fenómeno de las cadenas globales de valor ha sido estudiado por la OMC, órgano que las ha descrito como un proceso que inicia con la concepción del producto, pasando a la fabricación de sus componentes, el ensamble y finalmente su distribución o comercialización, desde las diversas empresas transnacionales distribuidas por todo el mundo. El resultado: Una conformación de cadenas de producción internacional, donde nadie es dueño de ninguno de los procesos, sino que todos forman parte de ellos.

Para su portavoz, Keith Rockwell, las cadenas globales de valor aportan:

  1. Nuevas oportunidades comerciales.
  2. Comercio más eficiente.
  3. Mayor generación de empleos.

 

 

México y su participación

Nuestro país forma parte de la OMC desde el 1 de enero de 1995, y es miembro del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) desde el 24 de agosto de 1986, además, ha sido uno de los países más exitosos en apostar por atraer a fabricantes y proveedores del sector aeroespacial que buscan, tanto capital, como talento y mano de obra.

Como antecedente, en el año 2011, el país contaba –en dicho sector– con aproximadamente 260 plantas y 33 mil empleados, contra 65 y 12 mil 500 respectivamente, en 2004. Es decir, en este segmento, las exportaciones mexicanas casi se triplicaron, al pasar de mil 300 millones de dólares (mdd) a 3 mil 800 mdd.

En ese entonces, un tercio de los proveedores mexicanos de piezas para el segmento aeroespacial estaba concentrado en Baja California, con un porcentaje adicional en Sonora, Nuevo León y Chihuahua. Al día de hoy, México solo es Original Equipment Manufacturer (OEM, fabricante de equipo original) de aviones comerciales Bombardier en Querétaro; un proveedor de primer nivel sumamente significativo en el sector.

De acuerdo con un estudio realizado por el profesor de sociología Gary Gereffi, en su estudio: “Políticas de desarrollo productivo y escalamiento: la necesidad de vincular empresas, agrupamientos y cadenas de valor”, la industria aeroespacial en el estado de Querétaro ha crecido de manera exponencialmente rápida, luego de que Bombardier, –compañía líder con sede en Canadá– llegara al país en 2006. Inmediatamente, el grupo Safran con sede en Francia, y el fabricante español de fuselaje Aernova establecieron operaciones en 2007.

Desde entonces, el clúster aeroespacial de Querétaro se ha convertido en una de las principales locaciones con mayor atractivo en México. Para el año 2012, más de treinta firmas extranjeras ya estaban operando en el estado, trayendo consigo una generación de más de 6 mil empleos.

En cuanto al sector automotriz, México también cuenta con una diversidad de agrupamientos locales de producción que desempeñan funciones diversas. Algunos se centran en abastecer a grandes ensambladoras automotrices como Volkswagen, General Motors, Nissan, Ford, y BMW que recientemente abrió una planta de ensamble en San Luis Potosí, entre otras.

Hoy, México cuenta con más de 20 plantas de ensamble y producción vinculadas a ocho armadoras globales, presencia de 19 marcas y más de 30 centros de diseño.

Según un estudio realizado en 2018 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el clúster automotriz en México se ha convertido en un referente en todo el mundo, posicionándose en el lugar número ocho a nivel producción de automóviles y aportando 3.5% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.

En conclusión, las cadenas globales de valor se tratan, en cierta manera, de una política de apoyo en que la red comercial de México se vuelva aún más atractiva para economías internacionales, y que ofrezca una fuerte ventaja de competitividad, con el objetivo de que los clústeres extranjeros inviertan en el país gracias a su infraestructura y visión.

Actualmente, el desarrollo de nuevos espacios comerciales ha permitido y favorecido el mejoramiento y urbanización de la infraestructura local, siendo dominado por agrupamientos económicos conformados por empresas que se organizan, compiten y se integran con éxito.

A continuación, un listado de factores que han impulsado la creación de las cadenas globales de valor:

  1. Reducción de barreras para el comercio y la inversión.
  2. Disminución de costos en: Coordinación, transporte, organización y comunicación.
  3. Desarrollo de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), trayendo un incremento en la velocidad de procesamiento y transmisión.
  4. Desarrollo de normas internacionales, de las que se despliegan
  5. a) Protocolos de negocios.
  6. b) Innovaciones organizativas.
  7. c) Definición de lineamientos para la descripción de productos.

 

El concepto Made in the World es un modelo de negocios sustentado en las cadenas globales de valor.

 

Desventajas de las cadenas globales de valor

La OMC y la OCDE  advierten que la fragmentación en los procesos de producción está provocando un cambio en la forma en que se percibe e interpreta el comercio mundial, y señalan que, si bien las GVC promueven oportunidades e intercambios de bienes y servicios entre los mercados internacionales, una de sus principales debilidades es que no son accesibles para todas las economías.

Jean-Pierre Lehman, profesor de economía política internacional en el International Institute for Management Development (IMD) de Lausana, Suiza, explica en su estudio: “La cambiante geografía del desplazamiento de las GVC”, que aquellas economías que decidan formar parte de este ‘comercio sin fronteras’ deberán disponer de una infraestructura razonablemente buena, así como un ambiente favorable para los negocios y un abastecimiento energético de confianza.

La OMC resalta que, infortunadamente, no todos los países pobres tienen la capacidad de aprovechar y participar en las GVC en el grado que lo desearían; el motivo: Carecen del conocimiento del mercado legal y de la infraestructura física necesaria.

Ante tal panorama, se han implementado iniciativas como Aid for Trade (Ayuda para el Comercio), puesta en marcha por la OMC durante la Conferencia Ministerial de Hong Kong en diciembre de 2005, con la finalidad de fortalecer los eslabones más débiles de la cadena.

La Ayuda para el Comercio brinda apoyo a países en desarrollo, principalmente a aquellos menos adelantados que presentan una serie de obstáculos relacionados con la oferta y el comercio. Asimismo, alienta a los gobiernos de estas naciones y moviliza recursos para abordar las limitaciones.

El 7 de mayo de 2018, se puso en marcha un nuevo programa de Aid for Trade 2018-2019 llamado “Apoyo a la diversificación económica y el empoderamiento para el desarrollo inclusivo y sostenible a través de la Ayuda para el Comercio”. Éste se centra en la diversificación económica y el empoderamiento con la participación efectiva de mujeres y jóvenes, así como la industrialización, transformación estructural, habilidades y conectividad digital.

 

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Tecnologías digitales en las GVC

En un informe publicado por el BM en abril de 2019, señala que con el desarrollo de la tecnología digital, los países tienen la oportunidad de introducir nuevos modelos comerciales, servicios, productos y generar empleos.

En 2016, la economía digital representaba 15.5% del PIB mundial; se prevé que esta cifra llegue a mínimo 25% en menos de 10 años.

Si bien la innovación digital tiene un amplio alcance, no todos se han visto beneficiados de la misma manera, al existir enormes desigualdades entre los países menos desarrollados, donde según un estudio del BM, hace tres años, únicamente una de cada siete personas contaban con acceso a algún punto de internet.

Este año, la OMC –en conjunto con el Grupo Banco Mundial, la OCDE, el Instituto de Economías en Desarrollo, entre otras instituciones financieras–, presentó su informe sobre el desarrollo de las cadenas globales de valor 2019, en el que se examinan los efectos de estas tecnologías y se analiza el modo en que la GVC ofrecen oportunidades para que los países en desarrollo se integren en la economía mundial, y que las pequeñas y medianas empresas (Pymes) participen en el comercio mundial.

Robert Koopman, economista jefe de la OMC, dijo al respecto que las GCV “siguen evolucionando y son esenciales para el comercio internacional. Este informe nos hace conocer mejor su evolución y su función en los mercados laborales de países desarrollados y en desarrollo […] Si se elaboran políticas nacionales para incrementar los sustanciales beneficios de la participación en las cadenas de valor mundiales y, simultáneamente, se abordan los posibles costos de ajuste, se contribuirá a que el comercio y las cadenas de valor mundiales generen un crecimiento inclusivo que beneficie a todos”.

Hoy en día, los avances tecnológicos están reconfigurando, en términos generales, las cadenas globales de valor, trayendo como consecuencia cambios en los mercados y la gestión de las cadenas de suministro.

La producción Made in the World está cambiando las reglas del juego en el comercio internacional, y si bien su expansión acelerada no permite entrever lo que viene, su éxito dependerá de las diferentes decisiones y relaciones de los países que conforman la red. 

 

Las GVC se tratan, en cierta manera, de una política de apoyo en que la red comercial de México se vuelva aún más atractiva para economías internacionales.

 


Texto Alejandra Cañedo

Foto: bancomex / iadb