El mantenimiento de una vivienda o edificio suele postergarse hasta que aparece una gotera, una filtración o algún daño visible. Sin embargo, esa decisión puede transformar una intervención relativamente sencilla y programada en una reparación de emergencia considerablemente más costosa.
La prevención adquiere mayor relevancia ante condiciones climáticas más exigentes y temporadas de lluvias que someten a cubiertas, fachadas y materiales a un desgaste constante.
Las primeras señales
El deterioro no siempre comienza con una gotera. Manchas irregulares o cambios de color en techos y muros pueden ser los primeros indicadores de una filtración. Pintura agrietada, desprendimientos, fisuras en losas y fracturas en la impermeabilización también revelan que la barrera de protección comienza a perder efectividad.
Ahora bien, existen señales menos evidentes. El olor persistente a humedad puede indicar presencia de moho detrás de muros o dentro de las losas, mientras materiales porosos como cantera, barro o tabique pueden absorber agua y deteriorarse internamente antes de mostrar daños visibles.
Prevenir también protege el valor del inmueble
El costo permite dimensionar la diferencia. De acuerdo con Rojas, impermeabilizar preventivamente una azotea residencial de aproximadamente 30 metros cuadrados mediante un sistema básico puede representar una inversión de entre 5 mil y 7 mil 500 pesos. Si la humedad avanza y aparecen filtraciones y daños adicionales, el desembolso puede multiplicarse.
No existe, sin embargo, un porcentaje general para determinar cuánto puede depreciarse una propiedad por falta de mantenimiento. Rojas advierte que intervienen variables como materiales, sistemas constructivos y condiciones regionales.
Del mantenimiento programado a la emergencia
La diferencia también está en las condiciones en que se realizan los trabajos. Esperar hasta que el problema sea crítico puede obligar a intervenir durante la temporada de lluvias, recurrir a mano de obra más especializada y aplicar materiales bajo condiciones poco favorables, lo que puede reducir la vida útil de la reparación.
Así, la prevención permite no solamente contener costos, sino programar las intervenciones y prolongar la vida útil de los sistemas de protección del inmueble.
Para el especialista de Imperquimia, el mantenimiento preventivo debe entenderse, por ello, como parte de la administración del inmueble. Conservar una propiedad no significa únicamente reparar lo que se deteriora, sino identificar los problemas antes de que comprometan otros componentes de la edificación y eleven significativamente el costo de corregirlos.


