México está entrando en una nueva etapa demográfica que tendrá efectos cada vez mayores sobre el mercado inmobiliario y la industria de la construcción. El aumento de la población adulta mayor obliga a replantear cómo se diseñan las viviendas, edificios, espacios comerciales, oficinas, hoteles y desarrollos de usos mixtos.
De acuerdo con proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO), para 2030 las personas mayores representarán 14.96% de la población mexicana, con lo que superarán por primera vez al grupo de entre 0 y 14 años. Para 2070, la proporción llegará a 34.2 por ciento.
Representa el fenómeno un reto para las ciudades, pero también abre oportunidades para el mercado inmobiliario residencial y para segmentos relacionados con salud, servicios, tecnología y bienestar.
La vivienda tendrá que adaptarse a una vida más larga
El incremento en la esperanza de vida está modificando la relación entre las personas y los espacios que habitan. Una vivienda pensada únicamente para las necesidades de una persona joven puede presentar dificultades conforme cambian sus capacidades de movilidad, visión, audición o fuerza.
Por ello, el concepto de diseño universal adquiere mayor importancia. Su objetivo es que los espacios puedan ser utilizados por el mayor número posible de personas sin depender de modificaciones posteriores.
Patxi Borbolla, director de operaciones de GAYA explica: “El cambio demográfico está llevando a la arquitectura a replantear muchos de sus criterios tradicionales. Hoy un proyecto necesita anticipar la diversidad de capacidades y necesidades que tendrán sus usuarios a lo largo del tiempo. La accesibilidad ya no puede entenderse como un ajuste posterior; debe formar parte del concepto arquitectónico desde el inicio”.
La importancia de estos criterios no se limita a las viviendas para adultos mayores. Una arquitectura accesible puede beneficiar también a familias con niños, personas con discapacidad, usuarios con lesiones temporales o cualquier habitante que enfrente cambios en su movilidad.
Accesibilidad como parte del valor inmobiliario
La accesibilidad comienza a pasar de ser un requisito asociado con proyectos especializados a convertirse en un atributo de calidad de los inmuebles.
Para los desarrolladores, incorporar estos elementos desde el inicio puede evitar modificaciones posteriores y permitir que una propiedad conserve su funcionalidad durante más tiempo.
En el mercado residencial, esto puede traducirse en viviendas preparadas para diferentes momentos de la vida, con distribuciones que puedan modificarse sin realizar grandes obras y espacios que faciliten la autonomía de sus habitantes.
También el principio puede aplicarse a edificios de oficinas, centros comerciales, hoteles y desarrollos de usos mixtos, donde la accesibilidad influye directamente en la experiencia de los usuarios.
Del acceso al bienestar integral
Pero también, el envejecimiento está estrechamente relacionado con otra tendencia que está ganando presencia en la construcción: el wellness real estate.
El bienestar dejó de concentrarse exclusivamente en gimnasios, spas o áreas recreativas. Ahora incluye aspectos del edificio que influyen cotidianamente en la salud y el confort, como la calidad del aire, iluminación natural, temperatura, acústica, ergonomía y contacto con espacios exteriores.
Según el Global Wellness Institute (GWI), el mercado de Wellness Real Estate superará los 1.1 billones de dólares hacia 2029, mientras que el segmento residencial representará cerca de 60% del total.
Tecnología para ganar autonomía y seguridad
La incorporación de tecnología es otro componente de esta transformación.
La domótica y los edificios inteligentes pueden facilitar tareas cotidianas y aumentar la seguridad de los usuarios mediante automatización de accesos, iluminación, monitoreo de condiciones ambientales y sistemas de control.
En una vivienda, por ejemplo, sensores y dispositivos automatizados pueden contribuir a mejorar la iluminación, controlar temperatura o facilitar determinadas funciones sin que el usuario tenga que desplazarse constantemente.
Mientras que, en edificios de mayor escala, la tecnología también puede ayudar a monitorear el funcionamiento de instalaciones, optimizar el consumo energético y mantener condiciones ambientales adecuadas.
La clave, sin embargo, está en que estas herramientas formen parte de una estrategia integral y no sean incorporadas como elementos aislados.

