Hoteleros advierten que esta situación está creando un “terreno disparejo” que amenaza la sostenibilidad del turismo formal, especialmente de cara a la temporada de Semana Santa y al Mundial de 2026.
De acuerdo con el policy paper “Dimensionamiento y caracterización de las rentas vacacionales en México”, elaborado por el Sustainable Tourism Advanced Research Center (STARC) de la Universidad Anáhuac Cancún en colaboración con la Asociación Nacional de Cadenas Hoteleras (ANCH) y la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles (AMHM), las unidades de renta vacacional ya equivalen al 43.5% de la oferta hotelera formal del país.
Para el sector hotelero, la expansión de este modelo dejó de ser parte de la llamada “economía colaborativa” y se ha convertido en un negocio de gran escala, impulsado por cuatro factores: el crecimiento masivo de la oferta, el volumen de ingresos, la concentración de propiedades en manos de pocos propietarios y la profesionalización del negocio.
También el fenómeno tiene implicaciones urbanas y sociales. Según el análisis, el auge de estas plataformas está concentrado en destinos consolidados como Los Cabos y Ciudad de México, lo que ha comenzado a presionar el mercado de vivienda residencial y a encarecer los precios para los habitantes locales.
Los hoteleros advierten que la falta de supervisión también puede generar riesgos para los turistas, ya que muchas de estas propiedades no cumplen con estándares de seguridad o protección civil.
Ante este panorama, representantes del sector turístico consideran necesario establecer reglas claras que incluyan registro obligatorio, licencias de operación, límites al número de propiedades por anfitrión y el pago equitativo de impuestos.
Con la llegada del Mundial de 2026 y el crecimiento del turismo internacional, los hoteleros sostienen que la regulación será clave para garantizar la seguridad del visitante y mantener la competitividad de los destinos mexicanos.

