El plástico que termina en vertederos, calles o cuerpos de agua podría convertirse en un insumo para la construcción. En México, una iniciativa busca aprovechar hasta 30 mil toneladas de residuos plásticos de difícil reciclaje para producir bloques que sean utilizados en proyectos de infraestructura social.
De acuerdo con cifras atribuidas a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), cada persona genera en promedio 59 kilogramos de residuos plásticos al año. La iniciativa señala que ese volumen sería equivalente al material necesario para fabricar alrededor de 350 bloques de construcción.
El proyecto, denominado La Meta que Construye, es impulsado por CRDC MATERIALS México y busca vincular el aprovechamiento de residuos con la construcción de infraestructura en comunidades que requieren este tipo de espacios.
Del residuo al material de construcción
Uno de los principales retos de la economía circular es encontrar mercados para los materiales recuperados. Separar y recolectar residuos no garantiza que estos vuelvan a utilizarse si no existe una demanda para ellos.
“Queremos generar una demanda que permita darle un nuevo destino a estos materiales y, al mismo tiempo, canalizarlos hacia proyectos que respondan a necesidades reales. Ahí es donde la economía circular deja de ser solo un concepto ambiental y se convierte en una herramienta de impacto social”, comenta María Laura Rojas Muñoz, CEO de CRDC MATERIALS México.
El planteamiento busca que el residuo deje de considerarse únicamente un problema de disposición y pueda convertirse en materia prima para otro proceso productivo.
Construcción y economía circular
La incorporación de materiales reciclados en la construcción representa una oportunidad para reducir la dependencia de materias primas vírgenes y aprovechar residuos que tienen pocas alternativas de recuperación.
CRDC MATERIALS señala que su tecnología puede utilizar plástico de difícil reciclaje para producir materiales como bloques, así como integrarlo en concreto y asfalto.
Sin embargo, para que este tipo de soluciones tenga un impacto mayor, uno de los retos será demostrar que los materiales cumplen con los requisitos técnicos, de seguridad, durabilidad y desempeño que exige la industria de la construcción.
Una iniciativa con enfoque social
La propuesta contempla que durante 12 meses los bloques financiados por participantes de la iniciativa sean destinados a proyectos de organizaciones sin fines de lucro en diferentes regiones de México.
Su objetivo es que el material reciclado no solamente tenga una segunda aplicación, sino que termine incorporado en obras de beneficio comunitario, como espacios educativos, vivienda, parques o infraestructura social.
“El reto está en que tanto las personas como las empresas reconozcan que pueden ser parte de la solución, ya sea dando un nuevo destino a sus residuos o financiando bloques que permitan convertirlos en materiales con impacto ambiental y social”, señala Rojas Muñoz.
El desafío: escalar el uso de materiales reciclados
Ahora bien, el potencial de utilizar residuos plásticos en la construcción depende de algo más que la disponibilidad del material. También requiere desarrollar cadenas de suministro confiables, garantizar la calidad de los productos y lograr que desarrolladores, constructoras y gobiernos incorporen materiales reciclados en sus proyectos.
Para la industria, esto abre una discusión sobre cómo incorporar criterios de economía circular desde el diseño y la especificación de materiales, en lugar de considerar el reciclaje únicamente al final de la vida útil de los productos.
El desafío ambiental también permanece. Convertir plástico en un material de construcción puede evitar que determinados residuos terminen en sitios de disposición, pero no sustituye las políticas de reducción, reutilización, separación y reciclaje de residuos.
Si estos modelos logran demostrar viabilidad técnica y económica a mayor escala, la construcción podría convertirse en uno de los mercados capaces de absorber parte de los residuos que hoy permanecen fuera de las cadenas tradicionales de reciclaje.