La autoconstrucción dejó de ser una alternativa marginal para convertirse en una de las principales formas de producir vivienda en México. El problema no es que las familias construyan por cuenta propia, sino que buena parte de estos procesos se realizan sin suficiente información, asesoría técnica o conocimiento sobre materiales y sistemas constructivos.
De acuerdo con el Sistema Nacional de Información e Indicadores de Vivienda (SNIIV), con base en la ENIGH 2022, 62.8% del parque habitacional mexicano corresponde a viviendas autoproducidas.
También el financiamiento muestra el carácter familiar de este mercado: en 2024, 87 de cada 100 viviendas autoproducidas fueron financiadas con recursos propios del hogar, mientras que solo tres de cada 100 recibieron apoyo de organismos gubernamentales.
Construir por etapas, una realidad urbana
La autoproducción tampoco es exclusivamente un fenómeno rural. Según datos de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), 64.3% de las viviendas autoproducidas se encuentran en ciudades.
Tan solo en el Valle de México existen más de 1.7 millones de viviendas de este tipo, lo que evidencia la dimensión que tiene esta práctica en las principales zonas urbanas del país.
En la Ciudad de México y el Estado de México la presencia de la autoproducción también es significativa. La ENVI 2020 reportó que 52.3% de las viviendas propias de la CDMX y 61.7% de las del Estado de México fueron adquiridas mediante construcción propia o autoproducción.
Pero el proceso suele ser gradual: primero se construye una habitación; posteriormente, otro nivel, una ampliación, una remodelación o una mejora. De esta manera, el patrimonio se construye conforme llegan los recursos.
El riesgo aparece cuando estas decisiones se toman sin conocimientos técnicos.
El problema no es autoconstruir, sino hacerlo sin asesoría
La Estrategia Nacional de Autoproducción de Vivienda de Sedatu contempla entre sus ejes el acceso al suelo, financiamiento, comunicación y asistencia técnica, con el propósito de fortalecer la capacidad de las familias para tomar mejores decisiones durante sus procesos constructivos.
Para el sector de materiales, esto representa una oportunidad para participar en una etapa que va más allá de la venta de productos.
“Si la autoproducción ya representa una parte mayoritaria de la vivienda que se construye en México, el siguiente paso no es detenerla, sino ayudar a que se construya mejor, con materiales adecuados, capacitación y asesoría técnica”, señala el Ing. Oscar Montoya, Gerente General de Materiales San Cayetano.
Bajo esta perspectiva, una tienda de materiales puede convertirse en un punto de orientación para quienes están a punto de invertir una parte importante de sus ingresos en una ampliación o construcción.
Materiales y conocimiento, una nueva oportunidad
El mercado tradicional de materiales está acostumbrado a atender una necesidad concreta: vender cemento, tabique, impermeabilizante, herramientas y otros productos.
Ese es el modelo que busca impulsar Materiales San Cayetano Express, mediante ocho puntos de venta en zonas estratégicas del Valle de México: Ticomán, Ecatepec, Doctores, Cuautepec, Teoloyucan, San Juan Zitlaltepec, Pantitlán y Melchor Ocampo.
La estrategia incluye capacitaciones gratuitas, asesorías en tienda y contenidos prácticos en redes sociales para acercar información técnica a quienes construyen por cuenta propia.
“Queremos que nuestras tiendas sean mucho más que un lugar para comprar materiales. Buscamos que el autoconstructor encuentre orientación, conozca nuevas soluciones y pueda aprender a utilizarlas correctamente. Cuando una familia construye con información, protege mejor su inversión y su patrimonio”, agrega Montoya.
La capacitación también puede tener un efecto económico adicional. El aprendizaje sobre materiales, procesos y soluciones constructivas puede generar habilidades que posteriormente permitan a algunos participantes ofrecer servicios y generar autoempleo en sus propias comunidades.
Así, profesionalizar al autoconstructor también puede fortalecer la disponibilidad local de trabajadores especializados.
La autoconstrucción también requiere financiamiento
Bajo este escenario, una mala decisión constructiva puede significar desperdicio de materiales, reparaciones posteriores o mayores costos para las familias.
Por ello, mejorar el acceso a información y asistencia técnica puede ayudar a que los recursos destinados a la vivienda tengan un mayor impacto en términos de seguridad, durabilidad y conservación del patrimonio.
Un mercado que seguirá creciendo
La autoconstrucción no desaparecerá simplemente porque aumente la oferta de vivienda formal. Los datos muestran que ya forma parte estructural del mercado habitacional mexicano.
Por ello, el reto para la industria inmobiliaria y de materiales consiste en acompañar a las familias para que puedan construir con mejores productos, información y criterios técnicos.
Y para las empresas del sector, esto significa que el punto de venta puede evolucionar de un lugar de abastecimiento a un espacio de asesoría y capacitación.
La oportunidad está en profesionalizar un proceso que millones de mexicanos ya realizan.
Porque cada ampliación, habitación o remodelación representa una inversión directa en el patrimonio familiar. Y para el mercado de materiales, acompañar ese proceso puede convertirse en una nueva forma de generar valor.