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El diseño de los espacios que habitamos ejerce una profunda influencia en nuestro bienestar y estado de ánimo. En un mundo donde las ciudades crecen y nos alejan cada vez más de la naturaleza, emerge una necesidad vital: la Biofilia. No es una moda pasajera; es, en realidad, una necesidad humana fundamental.

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Nuestra especie no evolucionó entre paredes de concreto; nuestro cerebro, nuestra esencia, está intrínsecamente ligada a la naturaleza. Fue el eminente biólogo E.O. Wilson quien popularizó el término "biofilia" para describir precisamente esto: una profunda conexión y un amor innato por la vida y los sistemas vivos.

Sin embargo, en el mundo moderno, la urbanización desmedida nos ha confinado a entornos cada vez más artificiales. Pasamos la mayor parte de nuestros días bajo techos, rodeados de pantallas luminosas y superficies inertes. Esta drástica desconexión no es inofensiva; lejos de ello, se manifiesta en un creciente "déficit de naturaleza" que provoca estrés crónico, ansiedad y depresión, afectando a la sociedad en su conjunto.

 

Frente a este desafío, la biofilia emerge como la clave. La mera presencia de elementos naturales tiene el poder de activar nuestro sistema de calma, disminuyendo el cortisol (la hormona del estrés), reduciendo la presión arterial y mejorando notablemente la concentración. Es una verdad innegable: estamos diseñados para la naturaleza, y sin ella, nuestra salud y bienestar nos cobran factura.

 

Los beneficios de esta conexión con lo natural, trascienden lo meramente estético; y su impacto positivo está sólidamente respaldado por la evidencia científica:

  • Bienestar mental: Reduce significativamente el estrés, la ansiedad y la depresión, mientras potencia el ánimo, la concentración, la creatividad y la memoria. Casos concretos lo demuestran: pacientes con vistas naturales se recuperan más rápido y estudiantes en aulas con acceso a la naturaleza obtienen mejores resultados académicos.
  • Salud física: Acelera la recuperación de enfermedades, debido a que la exposición a la luz natural optimiza nuestros ciclos de sueño y ritmos biológicos.
  • Interacción social: Fomenta la interacción comunitaria, impulsando el encuentro entre vecinos y creando espacios idóneos para el ocio compartido y el disfrute para todas las edades.
  • Valor económico: Dichos elementos, aumenta el valor de las propiedades, mejoran la productividad y la retención de empleados, y a largo plazo, reducen los costos de salud asociados a entornos urbanos hostiles.

La ciencia es inequívoca, desatender la biofilia no es solo un error de diseño, es ir en contra de nuestra propia naturaleza biológica.

 

 

Ante esta perspectiva, surge la pregunta clave: ¿Cómo podemos integrar eficazmente estos principios naturales en nuestro diseño? Es crucial entender que incorporar la biofilia va mucho más allá de simplemente añadir una planta. Se trata de una estrategia consciente y multifacética que se articula en torno a tres pilares fundamentales:

 

El primer pilar se centra en la experiencia directa con la naturaleza, que busca la conexión física y sensorial inmediata con los elementos naturales que nos rodean. Esto implica maximizar la entrada de luz natural para armonizar nuestros ritmos circadianos, elevar el ánimo y potenciar la productividad. También priorizamos el aire fresco, fomentando una ventilación natural que nos permita sentir la brisa y respirar un ambiente más puro, vital para nuestra salud.

 

Por otro lado, la presencia de agua, ya sea a través de fuentes, estanques o cascadas, ofrece un sonido rítmico que tranquiliza la mente y disminuye el estrés. La incorporación de plantas y vegetación viva en forma de muros verdes, jardines interiores o techos vegetales no solo purifica el aire, sino que inyecta vida, color y vitalidad al espacio. Además, es fundamental priorizar las vistas a la naturaleza, ya sean paisajes exteriores o internos que actúen como un oasis visual.

 

El segundo pilar, la experiencia indirecta con la naturaleza, la cual busca evocar la esencia natural a través de elementos no vivos, pero que nos remiten a ella de forma profunda. Esto se logra empleando materiales naturales como la calidez de la madera, la solidez de la piedra o la ligereza del bambú, que aportan una riqueza táctil y visual inigualable. Se utilizan colores y patrones inspirados directamente en el reino natural.

 

Por último, el tercer pilar se enfoca en la relación humana-naturaleza; aquí, el diseño local cobra protagonismo, empleando flora y materiales autóctonos que resuenen con el clima, la ecología y la cultura del lugar, fomentando un sentido de pertenencia y arraigo.

El diseño biofílico (por así decirlo) no se trata de cumplir con toda una lista, sino de entender cómo el humano interactúa con su entorno y cómo el diseño puede facilitar esa conexión innata. Como arquitectos, tenemos una gran responsabilidad: debemos educar, colaborar con expertos (biólogos, psicólogos) e innovar.

El desafío es grande, pero la recompensa lo es más y es el camino hacia un futuro más sano, feliz y pleno para todos.

*Fundadora y directora general de Taller 1339.