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La infraestructura digital se vuelve clave para sostener el nearshoring en México ante el crecimiento de inversión y demanda tecnológica.

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México vive una nueva etapa de crecimiento impulsada por el nearshoring, con niveles históricos de inversión extranjera y una creciente llegada de empresas que buscan relocalizar sus operaciones. Tan solo en 2025, la inversión extranjera directa superó los 40,800 millones de dólares, mientras que los anuncios vinculados a este fenómeno rebasan los 70,000 millones en los últimos años. Sin embargo, este dinamismo también ha puesto sobre la mesa un reto clave: la necesidad de fortalecer la infraestructura, especialmente la digital, para sostener el ritmo de expansión.

 

El crecimiento ha sido acelerado, pero no necesariamente equilibrado. “Hay un crecimiento acelerado, pero también un desfase en infraestructura. La demanda ya está aquí; la capacidad todavía se está ajustando”, señala María Fernanda Mazariegos, gerente de desarrollo de negocios en Telecom District. Aunque tradicionalmente la atención se ha centrado en parques industriales o carreteras, hoy la conectividad digital se vuelve un factor crítico para garantizar la operación de las empresas, al impactar directamente en la productividad, la eficiencia y la continuidad de los procesos.

 

Actualmente, México participa con apenas el 2% del mercado global de centros de datos, lo que evidencia una brecha frente a su relevancia en manufactura. Además, la infraestructura existente se encuentra concentrada principalmente en el corredor Ciudad de México–Querétaro–Monterrey, con Querétaro concentrando cerca del 75% de la capacidad instalada. Esta centralización limita la expansión hacia nuevas regiones donde el nearshoring comienza a ganar terreno y, al mismo tiempo, genera presiones adicionales en recursos como la energía.

 

 

Más allá de la ubicación, el reto también está en la calidad de la conectividad. Las empresas que llegan al país demandan redes con alta disponibilidad, baja latencia y capacidad de procesamiento para soportar operaciones cada vez más digitalizadas. No obstante, muchas aún operan con servicios fragmentados, lo que reduce su eficiencia. En este contexto, surgen soluciones como las que ofrece Telecom District que, buscan integrar la conectividad en plataformas más simples y escalables, facilitando la gestión tecnológica y mejorando el desempeño operativo.

El desafío es aún mayor si se considera que la expansión industrial avanza hacia zonas donde la infraestructura digital no crece al mismo ritmo. Esto genera brechas entre el potencial productivo y la capacidad tecnológica para sostenerlo. Al mismo tiempo, el consumo de datos continúa en aumento: en México ya hay más de 110 millones de usuarios de internet, con una penetración superior al 80%, y un tráfico promedio que supera los 300 GB mensuales por usuario, impulsado por tecnologías como la nube, el streaming y la inteligencia artificial.

 

Bajo este contexto, la infraestructura digital deja de ser un componente secundario para convertirse en un habilitador estratégico del crecimiento económico. El nearshoring ha colocado a México en una posición privilegiada dentro de las cadenas globales, pero mantener esa ventaja dependerá de la capacidad del país para ampliar su conectividad, reducir la latencia y fortalecer su capacidad tecnológica. De lo contrario, el potencial de esta ola de inversión podría aprovecharse solo de forma parcial, en un entorno donde la demanda de datos seguirá creciendo a doble dígito.