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El T-MEC seguirá vigente, pero las revisiones anuales podrían reducir la certidumbre para la inversión en México, advierte la consultora independiente Delia Paredes Mier.

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La especialista considera que el tratado comercial no desaparecerá, pero advierte que la decisión de Estados Unidos de no extender su vigencia por otros 16 años reduce la certidumbre para los proyectos de largo plazo y obliga a México a fortalecer su estrategia comercial e institucional.

 

La decisión de Estados Unidos de no extender la vigencia del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) por un nuevo periodo de 16 años no implica el fin del acuerdo comercial, pero sí modifica el entorno de certidumbre sobre el que empresas e inversionistas habían construido sus planes de largo plazo.

 

Así lo señaló la también economista Delia Paredes Mier, quien explicó que el tratado continuará vigente conforme a sus disposiciones actuales; sin embargo, entrará en una etapa de revisiones periódicas que podrían incrementar la incertidumbre para nuevas inversiones, particularmente en sectores exportadores.

"La noticia de que Estados Unidos sale del T-MEC no corresponde con la realidad", sostuvo la especialista al precisar que el mecanismo previsto en el propio tratado establece revisiones anuales cuando no existe consenso para ampliar automáticamente su vigencia.

La preocupación ya no es la existencia del tratado, sino la confianza

 

De acuerdo con Paredes Mier, el principal cambio no radica en la permanencia del acuerdo, sino en la confianza que ofrece como marco para inversiones con horizontes de 15 o 20 años.

 

Explicó que para una empresa que analiza instalar una nueva planta de producción, el factor decisivo ya no es únicamente contar con acceso libre de aranceles, sino tener la certeza de que las reglas comerciales permanecerán estables durante toda la vida útil del proyecto.

Y en ese sentido, advirtió que la incertidumbre regulatoria puede convertirse en un costo adicional para producir desde México, aun cuando el tratado siga vigente.

Tres frentes definirán el futuro del comercio regional

La especialista identifica tres procesos que avanzan de manera simultánea y que influirán en el futuro de la relación comercial de Norteamérica.

 

El primero corresponde a la revisión institucional del T-MEC, donde se discutirán aspectos como las reglas de origen, el contenido regional, las disposiciones laborales y la estructura general del acuerdo.

 

Indicó que uno de los sectores que enfrentará mayor presión será el automotriz, debido al interés de Washington por incrementar el contenido estadunidense en los vehículos fabricados en la región y limitar la participación de insumos provenientes de China.

El segundo frente está relacionado con la política arancelaria estadunidense.

Paredes Mier recordó que el próximo 24 de julio concluye el periodo de 150 días previsto en la Sección 122, que contempla un arancel general de 10% para productos que no califican bajo las reglas del T-MEC.

A ello se suman las posibles decisiones derivadas de la Sección 301, mediante la cual Estados Unidos revisa prácticas relacionadas con el exceso de capacidad manufacturera, particularmente de origen chino.

Aunque México mantiene una posición más favorable gracias a la integración de sus cadenas productivas con Estados Unidos y Canadá, la especialista subrayó que esa ventaja no elimina completamente el riesgo de nuevas medidas comerciales.

 

"Buena parte de su plataforma exportadora está integrada regionalmente y puede cumplir con reglas del T-MEC. Esa ventaja existe. Pero ventaja no significa inmunidad".

 

Y el tercer elemento corresponde a los aranceles sectoriales impuestos por razones de seguridad nacional mediante la Sección 232, que continúan aplicándose sobre productos como acero y aluminio.

Paredes Mier explicó que estos gravámenes permanecen vigentes independientemente del T-MEC, por lo que los exportadores mexicanos de esos sectores siguen enfrentando barreras comerciales.

 

 

Cumplir las reglas de origen será una ventaja competitiva

Ante este escenario, la economista afirmó que las empresas deberán poner mayor atención al cumplimiento de las reglas de origen y a la trazabilidad de sus cadenas de suministro.

Consideró que demostrar un mayor contenido regional dejará de ser un requisito administrativo para convertirse en un elemento central de competitividad.

 

Las empresas que puedan acreditar el origen norteamericano de sus productos estarán en mejor posición frente a posibles cambios regulatorios, mientras que aquellas con una alta dependencia de insumos asiáticos enfrentarán mayores riesgos.

 

Comercio y seguridad avanzan en paralelo

Otro de los factores que, a juicio de Paredes Mier, influirá en la relación bilateral es la creciente vinculación entre comercio, seguridad y gobernanza.

Explicó que Washington incorpora cada vez más temas como migración, combate al narcotráfico y fortalecimiento institucional dentro de su agenda comercial.

Bajo ese contexto, recordó que el propio T-MEC contempla compromisos en materia de combate a la corrupción, como la tipificación del soborno y la adopción de códigos de conducta para funcionarios públicos.

No obstante, precisó que el fortalecimiento del Estado de derecho no debería responder únicamente a exigencias externas.

 

"Aquí conviene ser precisos: fortalecer el estado de derecho en México no debería depender de que Estados Unidos lo exija como condición comercial. Es una tarea que el país necesita para sí mismo, con o sin T-MEC".

 

La incertidumbre también pesa sobre la inversión

La especialista señaló que México enfrenta este nuevo escenario cuando la inversión fija bruta acumula 19 meses consecutivos de caídas anuales, situación que limita la capacidad del país para aprovechar plenamente el proceso de relocalización de empresas o nearshoring.

Si bien reconoció que la incertidumbre comercial influye en las decisiones de inversión, afirmó que también existen factores internos que reducen el atractivo del país, entre ellos la insuficiencia de infraestructura, la inseguridad, la complejidad regulatoria y la percepción de debilidad institucional.

México debe fortalecer su estrategia

Para Delia Paredes Mier, el país debe abordar el proceso de revisión del T-MEC desde dos frentes.

Por un lado, fortalecer su capacidad técnica para negociar temas como reglas de origen, contenido regional y mecanismos de trazabilidad.

Por otro, avanzar en el fortalecimiento institucional para ofrecer mayor certeza jurídica a los inversionistas.

 

En su opinión, el tratado puede mantenerse vigente durante muchos años bajo un esquema de revisiones anuales. Sin embargo, advirtió que el verdadero desafío será preservar la confianza de quienes toman decisiones de inversión.

 

Cada revisión anual, concluyó, incorpora nuevos elementos de incertidumbre sobre el riesgo regulatorio y puede traducirse en proyectos pospuestos o en capital que termine dirigiéndose hacia otros mercados, aun cuando México conserve una posición estratégica dentro del comercio de Norteamérica.