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La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), prevista para 2026, se perfila como uno de los procesos más relevantes para el futuro económico de México y para la estrategia de inversión de empresas internacionales que utilizan al país como plataforma de manufactura y exportación hacia Norteamérica. La revisión del T-MEC definirá la competitividad regional de México en la próxima década: IMCO.

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De acuerdo con el análisis ‘Expectativas y escenarios para México ante la revisión del T-MEC’, elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) en colaboración con la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, el proceso ocurrirá en un contexto marcado por el fortalecimiento de políticas comerciales proteccionistas en Estados Unidos y mayores exigencias en materia de seguridad económica, contenido regional y política industrial.

 

Pese a este entorno, México llega a la negociación en una posición relativamente favorable. El país mantiene acceso preferencial al mercado estadunidense, una sólida integración con las cadenas de valor de América del Norte y una base exportadora diversificada. Además, en abril de 2026 se mantuvo como el principal proveedor de importaciones de Estados Unidos y registró una de las tasas arancelarias más bajas entre sus principales socios comerciales.

 

El IMCO considera que el escenario más probable es una revisión prolongada, con negociaciones que podrían extenderse más allá de 2026. Durante ese periodo, el tratado permanecería vigente y las preferencias arancelarias continuarían aplicándose, por lo que la incertidumbre no radica en la continuidad del acuerdo, sino en las condiciones bajo las cuales será actualizado.

 

 

Para sectores estratégicos como el automotriz, maquinaria industrial, plásticos y hule, donde la inversión europea —particularmente la alemana— tiene una presencia relevante, el resultado de la revisión será determinante. Empresas como Volkswagen, BMW, Daimler, Bosch, Continental, Mahle, Schaeffler y numerosos proveedores han consolidado a México como un eslabón fundamental de las cadenas productivas regionales.

 

El estudio señala que posibles cambios en las reglas de origen podrían favorecer nuevas inversiones manufactureras en México al incentivar la sustitución de insumos provenientes de Asia por producción regional. Esto abriría oportunidades para empresas especializadas en autopartes, materiales avanzados, componentes industriales y productos intermedios de alto valor agregado.

 

Sin embargo, también podrían surgir mayores exigencias regulatorias relacionadas con trazabilidad, estándares ambientales, reciclabilidad y cumplimiento laboral, lo que elevaría los costos de operación para algunas industrias.

Ante este panorama, el IMCO concluye que el principal desafío para México será preservar las ventajas derivadas de su integración productiva con Estados Unidos, fortalecer la certidumbre para los inversionistas y adaptarse a las nuevas prioridades económicas de la región. Más que definir la continuidad del T-MEC, la revisión de 2026 establecerá las reglas bajo las cuales México competirá dentro de América del Norte durante los próximos años.