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La inversión en México perdió dinamismo al cierre de 2025 y se alejó de las metas planteadas en la política económica. La formación bruta de capital fijo se ubicó en 22.9% del Producto Interno Bruto (PIB) durante el cuarto trimestre del año, por debajo del 24.4% observado en el mismo periodo de 2024.

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De acuerdo con el análisis de México, ¿cómo vamos?, con este resultado, el indicador se mantiene distante del objetivo de 25% establecido en el Plan México para 2026.

 

El retroceso anual de la inversión fue de 3.9%, resultado de una fuerte caída de 15.3% en la inversión pública y una disminución de 1.7% en la privada. A pesar de ello, en términos trimestrales se observó un ligero repunte de 0.7%, lo que evitó un deterioro mayor al cierre del año.

 

La estructura de la inversión confirma el peso del sector privado, que representa el 86% del total y equivale a 19.5% del PIB. En contraste, la inversión pública aporta apenas 3.4%, aunque mostró un ligero avance frente al trimestre previo, sigue por debajo del 4.1% registrado un año antes.

Refleja el desempeño de 2025 un entorno de debilidad en uno de los principales motores del crecimiento económico. En el acumulado del año, la inversión mostró una contracción relevante, en un contexto donde el crecimiento fue sostenido principalmente por el consumo privado y el sector exportador.

 

 

Hacia adelante, el reto es significativo. La Meta 2 del Plan México plantea elevar la inversión por encima del 25% del PIB a partir de 2026 y llevarla a más de 28% en 2030. Este objetivo es clave no solo para acelerar el crecimiento, sino también para detonar la generación de hasta 1.5 millones de empleos en el sector manufacturero.

 

Sin embargo, persisten factores que limitan su expansión. Entre ellos, destaca la falta de certeza jurídica, así como un entorno de negocios que aún genera cautela entre inversionistas. De hecho, encuestas del banco central señalan que una proporción importante de empresas anticipa que las condiciones no mejorarán en el corto plazo.

En este contexto, las autoridades han planteado nuevos esquemas de inversión mixta para impulsar proyectos de infraestructura y energía. No obstante, especialistas advierten que condicionar el dinamismo de la inversión privada al gasto público podría ser limitado, especialmente considerando que la recaudación en México se mantiene por debajo de economías comparables.

La revisión del tratado comercial de Norteamérica también se perfila como una oportunidad para fortalecer las cadenas de suministro regionales y detonar nuevos flujos de inversión. Por ahora, los datos muestran que el país aún enfrenta el desafío de convertir la inversión en un motor más sólido y sostenido de crecimiento.