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A pesar del “Dinero Disponible” en la banca para dar financiamiento y del ciclo de baja de las tasas de interés, la Convención Bancaria 2026 llega con un desempeño que confirma un cambio de tendencia: la desaceleración del crédito se ha generalizado y refleja un entorno económico más retador para hogares y empresas.

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Si bien existe liquidez suficiente para expandir el financiamiento, el principal reto está del lado de la demanda y del entorno económico. Directivos del sector han señalado que la cautela de empresas y hogares responde no solo al nivel de tasas, sino a la incertidumbre sobre el crecimiento, la evolución del empleo y factores externos como la volatilidad global.

Por lo tanto, la desaceleración del crédito bancario no obedece a restricciones de oferta, sino a un menor apetito por endeudamiento.

 

De acuerdo con un análisis de BBVA México, en enero de 2026 el saldo de la cartera de crédito vigente de la banca comercial al sector privado no financiero registró un crecimiento real anual de apenas 1.8%, el menor desde abril de 2022. Esta cifra no solo es inferior al 2.6% observado en diciembre, sino que consolida una tendencia de enfriamiento iniciada en la segunda mitad de 2025.

 

El desempeño del crédito muestra señales mixtas por segmento. El financiamiento al consumo continúa siendo el principal motor, con un crecimiento real anual de 7.6%, aunque también comienza a moderarse. Destaca la desaceleración en el crédito para bienes duraderos, particularmente el automotriz, cuyo dinamismo prácticamente se redujo a la mitad respecto al promedio del año previo.

Sugiere este comportamiento una menor disposición de los hogares para adquirir compromisos de mediano plazo, en un contexto de presión sobre sus ingresos.

Al mismo tiempo, el uso de tarjetas de crédito también refleja menor dinamismo. El crecimiento del monto operado cayó a su nivel más bajo en varios años, lo que apunta a un consumo más cauteloso.

 

Por su parte, el crédito a la vivienda muestra uno de los ajustes más relevantes. En enero creció apenas 1.2% real anual, su nivel más bajo desde 2009. Este comportamiento responde al rezago con el que el financiamiento hipotecario reacciona al mercado laboral, así como a tasas de interés que se mantienen cercanas al 10%, limitando la demanda.

 

También el segmento empresarial enfrenta un entorno adverso. El crédito a empresas registró una contracción real de -0.6%, afectado por menores saldos en sectores clave como manufactura. A ello se suma un deterioro en la confianza empresarial, que acumula varios meses por debajo del umbral de expansión.

En conjunto, la evolución del crédito refleja una debilidad en la demanda interna, vinculada a una actividad económica moderada y a un mercado laboral que aún no recupera dinamismo suficiente.

 

 

De cara a la Convención Bancaria, este escenario plantea retos claros para el sistema financiero: cómo reactivar el crédito en un entorno de tasas que ya no son elevadas, crecimiento económico moderado y sin comprometer la calidad de la cartera. Por ahora, todo indica que el financiamiento en México continuará avanzando, pero a un ritmo más contenido en los próximos meses.

Por otro lado, se busca que cobre más fuerza el impulso a la inclusión financiera y el financiamiento a pequeñas y medianas empresas, donde aún persiste una brecha importante. Autoridades y banqueros han anticipado que durante la Convención se discutirán mecanismos para ampliar el acceso al crédito sin elevar riesgos, incluyendo el uso de tecnologías, esquemas de garantías y mayor coordinación con la banca de desarrollo.

Esto cobra especial relevancia en un contexto donde reactivar el crédito se vuelve clave para sostener el crecimiento económico en los próximos meses.