Hoy estamos entrando en un cambio distinto: por primera vez tenemos sistemas capaces no solo de darnos información, sino de analizar, razonar sobre ella y ejecutar tareas que antes necesariamente requerían de una persona. No estamos viviendo únicamente una revolución tecnológica. Estamos entrando en una revolución de la inteligencia.
Y creo que el cambio va a ser mucho más profundo de lo que hoy alcanzamos a dimensionar.
La tecnología ya no solamente te ayuda a hacer el trabajo. Cada vez puede hacer una mayor parte del trabajo por ti. Cuando llevas esta idea al sector inmobiliario, particularmente al mercado mexicano, la oportunidad se vuelve mucho más evidente.
El mercado de bienes raíces sigue siendo una de las industrias más grandes de la economía y, al mismo tiempo, una de las que menos información confiable tiene disponible. En México todavía no existen precios realmente públicos y confiables, la información está fragmentada entre propietarios, brokers, desarrolladores y distintas plataformas, y muchas decisiones de inversión y operación todavía se toman con información incompleta. En lugar de contar con datos comparables y actualizados, las personas siguen dependiendo de llamadas, hojas de cálculo, referencias y de la experiencia de cada quien.
Eso tiene una consecuencia muy clara: un mercado con poca información es un mercado menos líquido. Las transacciones toman más tiempo, existe mayor incertidumbre y el capital se mueve con más cautela.
La demanda, sin embargo, ya cambió. Tan solo en lo que va del año, alrededor de 10 mil empresas y personas han buscado espacios comerciales en línea en la plataforma que desarrollamos. La demanda ya está acostumbrada a buscar prácticamente todo de manera digital. La oferta inmobiliaria, en cambio, todavía opera en gran parte con procesos manuales y fragmentados.
Yo lo veo como un copiloto. La tecnología puede encargarse de buscar, comparar y organizar información, dar seguimiento y resolver buena parte del trabajo repetitivo. Así, la persona puede concentrarse en lo que realmente requiere criterio humano y creatividad: entender al cliente, negociar, asesorar y cerrar.
Hoy un asesor inmobiliario puede dedicar cerca del 80% de su tiempo a buscar propiedades, confirmar disponibilidades, armar comparativos y perseguir respuestas. Con inteligencia artificial, buena parte de ese trabajo puede suceder automáticamente: la demanda puede llegar ya calificada, las opciones pueden filtrarse de acuerdo con los requerimientos reales del cliente y los comparativos pueden generarse prácticamente solos.
El resultado es muy sencillo: responder en horas lo que antes tomaba días y dedicar mucho más tiempo al cliente y mucho menos a perseguir información.
No significa trabajar menos. Significa dejar de hacer trabajo que no aporta valor para concentrarse en el trabajo que sí importa.
Hace no mucho, una empresa internacional necesitaba encontrar cerca de 20,000 m² industriales en Jalisco. El proceso se resolvió en aproximadamente 40 días, cuando una búsqueda tradicional de este tipo podría tomar entre cuatro y seis meses. En otro caso, la renta de un terreno se cerró a través de la plataforma en menos de 72 horas, en una operación que tradicionalmente podría haber tomado semanas o meses.
Evidentemente, no todo depende de la tecnología. El cliente tiene que saber qué necesita, debe existir inventario y cada operación tiene sus propias variables. Pero la dirección es clara: cuando la información está organizada y la tecnología puede trabajar sobre ella, los tiempos se comprimen enormemente.
Lo mismo sucede con la inversión. Un inversionista que antes decidía principalmente a partir de experiencia, relaciones y referencias puede empezar a entender con mucha mayor precisión dónde existe demanda, cuánto se está pagando realmente, qué zonas están absorbiendo espacio, dónde existe sobreoferta y hacia dónde puede moverse el mercado.
Eso cambia completamente la manera de asignar capital. Y cuando el capital tiene mejor información, se mueve con mayor confianza.
Y esto ya no es algo que vaya a pasar dentro de diez años.
El sector inmobiliario es uno de los principales motores de inversión, empleo y desarrollo de cualquier país. Digitalizarlo y construir mejores datos alrededor de él dejó de ser simplemente una ventaja competitiva. Cada vez se vuelve más una infraestructura necesaria para que el mercado funcione correctamente.
En México ese proceso ya empezó. Y creo que la oportunidad va mucho más allá de cualquier empresa en particular. Un país que logra digitalizar mejor su mercado inmobiliario puede atraer más capital, reducir el costo de hacer negocios y tomar mejores decisiones sobre cómo crecen sus ciudades y dónde se invierte.
La inteligencia artificial va a acelerar esta transformación, pero el cambio de fondo es mucho mayor: pasar de un mercado fragmentado y opaco a uno donde la información fluye, las decisiones se toman con mejores datos y las transacciones suceden mucho más rápido.
* CEO & Co-Founder Spot2.mx


