La Copa Mundial de la FIFA 2026 representa mucho más que un evento deportivo para México. Además del impacto turístico y económico que generará la llegada de millones de visitantes, el torneo abre una oportunidad para fortalecer el desarrollo inmobiliario, acelerar proyectos urbanos y promover inversiones con una visión más ordenada y sostenible.
De acuerdo con estimaciones de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur), la justa mundialista podría generar una derrama económica superior a los 65 mil millones de pesos, atraer alrededor de 5.5 millones de visitantes y crear más de 12 mil empleos temporales en el país.
Para el sector inmobiliario, el evento representa un impulso importante en la demanda de departamentos amueblados, hospedaje temporal, desarrollos flex living, coliving y espacios comerciales orientados al turismo internacional. También se anticipa un incremento en proyectos de infraestructura y conectividad en las ciudades sede: Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
La AMPI señaló que el reto será aprovechar este contexto sin profundizar problemas urbanos ya existentes, como el aumento de rentas, la presión sobre la oferta habitacional o el crecimiento desordenado de algunas zonas. En ese sentido, el organismo hizo un llamado a fortalecer la planeación territorial, la certeza jurídica y la inversión responsable para garantizar beneficios de largo plazo tanto para inversionistas como para las comunidades.
Jenny Althair Rivas Padilla, presidenta nacional de la AMPI, afirmó que el verdadero legado del Mundial debe medirse por la capacidad de construir ciudades más modernas, resilientes y competitivas, con infraestructura eficiente y mejores servicios urbanos.
Además, el crecimiento del hospedaje alternativo también se perfila como uno de los fenómenos más relevantes para el mercado inmobiliario. Tras la alianza global entre FIFA y Airbnb anunciada en 2025, se estima que más de 380 mil huéspedes utilizarán este tipo de alojamiento durante el torneo, generando una derrama económica cercana a 3 mil 600 millones de dólares para las ciudades anfitrionas.
Este escenario abre oportunidades para propietarios e inversionistas, aunque también plantea nuevos desafíos regulatorios relacionados con el acceso a la vivienda y el equilibrio entre la actividad turística y el desarrollo urbano.

