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La expansión de la inteligencia artificial (IA) está abriendo una nueva presión sobre la infraestructura tecnológica: los centros de datos necesitan cada vez más electricidad para mantener en operación los sistemas que procesan y almacenan grandes cantidades de información.

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Durante los últimos años, la conversación sobre IA se concentró en la capacidad de almacenamiento y procesamiento de los centros de datos. Sin embargo, conforme aumentan las aplicaciones basadas en esta tecnología, la disponibilidad de energía comienza a convertirse en uno de los principales factores para determinar hasta dónde puede crecer esta industria en México, de acuerdo con Ilan Oliel Márquez, Head of Product & Tech en Energía Real.

La Asociación Mexicana de Data Centers estima que el sector atraerá inversiones superiores a 18,000 millones de dólares hacia 2030, con Querétaro como uno de los principales polos de desarrollo. Al mismo tiempo, las proyecciones de la Secretaría de Energía (SENER) apuntan a que el país necesitará alrededor de 1,500 megawatts (MW) adicionales de demanda eléctrica para atender a los centros de datos durante ese mismo periodo.

 

Ilan Oliel dijo que esto plantea un desafío para la infraestructura energética nacional: la expansión de los centros de datos tendrá que avanzar acompañada de una mayor capacidad de suministro y de soluciones que permitan administrar de manera eficiente la electricidad.

 

La IA eleva el consumo eléctrico

No todos los centros de datos tienen las mismas necesidades energéticas. De acuerdo con la información citada de la Agencia Internacional de Energía (IEA), un centro de datos convencional puede requerir entre 10 y 25 MW, mientras que los nuevos centros hyperscale diseñados para cargas de inteligencia artificial pueden superar los 100 MW de demanda.

La diferencia es relevante porque los modelos de IA requieren una capacidad de procesamiento considerable. A medida que aumentan los servicios basados en esta tecnología, también crece la necesidad de contar con instalaciones capaces de operar de manera continua y estable.

Por ello, para México el reto no consiste únicamente en construir más centros de datos. También será necesario contar con una estrategia energética que permita garantizar su operación y acompañar su crecimiento, resaltó Ilan Oliel.

Las baterías ganan importancia

En este escenario, los Sistemas de Almacenamiento de Energía en Baterías (BESS) pueden adquirir un papel más relevante dentro de la infraestructura de los centros de datos.

 

Tradicionalmente, las baterías se han utilizado principalmente como respaldo ante interrupciones en el suministro eléctrico. Sin embargo, su función puede ir más allá de actuar como una reserva para emergencias.

 

Un BESS puede utilizarse para administrar el consumo eléctrico del centro de datos. En una primera etapa, puede funcionar como respaldo cuando se presenta una falla en la red. Posteriormente, puede utilizarse para reducir el consumo durante los periodos de mayor demanda mediante estrategias conocidas como peak shaving, además de aprovechar distintos horarios de suministro mediante el arbitraje energético.

El siguiente paso consiste en integrar estos sistemas con herramientas digitales capaces de analizar información en tiempo real.

De batería de respaldo a sistema inteligente

 

La combinación entre baterías, datos e inteligencia artificial abre una nueva posibilidad para la gestión energética de los centros de datos.

 

Un sistema BESS puede recibir información sobre el consumo de las instalaciones, los precios de la electricidad y las condiciones de disponibilidad del suministro. Con modelos predictivos, puede anticipar las necesidades energéticas y decidir cuándo almacenar o utilizar la energía.

Esto cambia el papel de las baterías. En lugar de limitarse a responder cuando ocurre una interrupción, pueden convertirse en parte de una estrategia para anticipar las necesidades del centro de datos y administrar mejor sus recursos energéticos.

Para lograrlo, enfatizó el experto de Energía Real, se requieren datos confiables y en tiempo real, modelos que representen las condiciones reales de operación y software especializado para coordinar las diferentes variables.

Querétaro, ante el desafío energético

El crecimiento previsto para los centros de datos representa una oportunidad para México, pero también pone a prueba la capacidad de su infraestructura energética.

Querétaro aparece como uno de los principales puntos de concentración de estas inversiones. La llegada de nuevos centros de datos puede impulsar actividad económica y tecnológica, pero también incrementará las necesidades de electricidad de las zonas donde se instalen.

 

 

Por ello, la planeación de estos proyectos tendrá que considerar la disponibilidad energética desde las primeras etapas, de manera similar a como se analiza la capacidad de cómputo, el almacenamiento, la conectividad y las características físicas de las instalaciones.

 

La energía deja así de ser un elemento secundario dentro de la infraestructura digital y se convierte en una condición para que los proyectos puedan crecer.

El futuro de la IA también depende de la energía

México tiene una oportunidad para aprovechar el crecimiento de la inteligencia artificial y de la industria de centros de datos. Las inversiones previstas muestran que existe interés por ampliar esta infraestructura durante los próximos años.

 

Sin embargo, el crecimiento de la IA estará condicionado por la capacidad del país para acompañar la expansión tecnológica con soluciones energéticas confiables y flexibles, comentó Ilan Oliel.

 

En este escenario, los sistemas de almacenamiento, la gestión inteligente de la demanda y el uso de herramientas capaces de anticipar los requerimientos eléctricos pueden convertirse en elementos cada vez más importantes.

La carrera por desarrollar infraestructura para la inteligencia artificial, por tanto, no se disputará solamente en términos de procesadores, servidores o capacidad de almacenamiento. También dependerá de cuánta energía exista, cómo se almacene y qué tan eficientemente pueda administrarse.

Para México, ese puede ser uno de los principales retos —y también una de las mayores oportunidades— para construir la infraestructura que sostendrá la siguiente etapa de la IA.