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La inversión en construcción en México registró en 2025 una contracción significativa después de varios años consecutivos de fuerte dinamismo, un ajuste que estuvo determinado principalmente por la reducción en el gasto público destinado a infraestructura.

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De acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), de enero a diciembre de 2025 la inversión en construcción acumuló una caída anual de 6.7% respecto a 2024, año en el que todavía se había observado un crecimiento de 3.4 por ciento.

 

Un análisis de Banco Base señala que esta contracción se ubica entre las más relevantes registradas en las últimas décadas, solo superada por episodios como la crisis de 1995, cuando la inversión cayó 33.47%; la desaceleración de 2001, con una disminución de 8.04%; y la pandemia de 2020, cuando retrocedió 17.02 por ciento.

 

El desempeño del sector refleja en gran medida el ajuste en el gasto público en infraestructura que comenzó a aplicarse en 2025 como parte de un proceso de consolidación fiscal. Durante los años previos, la inversión en construcción había sido impulsada por el desarrollo de grandes proyectos de infraestructura federal que elevaron significativamente la obra civil.

Destacaron, entre estas obras, proyectos como el Tren Maya y el Corredor Interoceánico, la Refinería Dos Bocas y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, entre otros, que durante su fase de construcción impulsaron de manera relevante el gasto público en infraestructura.

La desaceleración fue particularmente visible en la construcción no residencial, segmento estrechamente vinculado a la obra civil y al gasto público. Según las cifras del INEGI, este componente ligó su segundo año consecutivo de contracción: en 2024 registró una ligera caída de 0.4% y en 2025 el retroceso se profundizó hasta 14.6% anual.

Refleja este comportamiento el impacto del ajuste presupuestal y la conclusión o desaceleración de varios proyectos de infraestructura de gran escala que habían impulsado la actividad del sector durante los años anteriores.

 

Por el contrario, el segmento de construcción residencial mostró una trayectoria positiva, impulsada principalmente por la inversión privada en vivienda. Tras crecer 1.8% en 2023, la edificación residencial aceleró su expansión a 4.8% en 2024 y duplicó ese ritmo en 2025, con un incremento anual de 8.2 por ciento.

 

El dinamismo de este segmento responde en buena medida a la demanda habitacional y al financiamiento hipotecario otorgado tanto por la banca comercial como por instituciones públicas como el Infonavit y el Fovissste, que continúan siendo actores clave en el mercado de vivienda del país.

 

 

La divergencia entre ambos segmentos refleja una característica estructural del sector construcción en México: mientras la obra civil depende en gran medida del gasto público y de los proyectos de infraestructura, la edificación residencial está estrechamente vinculada al dinamismo del mercado inmobiliario y a la inversión privada.

Además de su relevancia para el desarrollo urbano, la construcción es uno de los sectores con mayor capacidad de generar efectos multiplicadores en la economía, al detonar actividad en industrias como cemento, acero, transporte, ingeniería y servicios especializados.

 

Hacia adelante, el desempeño de la inversión en construcción dependerá en buena medida de la evolución del gasto público en infraestructura y del dinamismo de la inversión privada, particularmente en sectores vinculados al desarrollo de vivienda, parques industriales y proyectos asociados al fenómeno de relocalización de cadenas productivas.

 

En este contexto, estrategias de política industrial como el Plan México buscan impulsar el desarrollo de nueva infraestructura productiva que permita fortalecer la capacidad manufacturera del país y atraer nuevas inversiones.