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La industria de la construcción en México cerró 2025 en un contexto de fragilidad y transición, reflejando un desempeño general negativo y heterogéneo entre sus diferentes segmentos.

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El sector enfrentó un ambiente retador, influido por factores económicos internos y externos, así como por la conclusión de proyectos emblemáticos que habían impulsado su crecimiento en años previos.

A lo largo del año, la industria mostró señales de debilidad estructural, con contracciones en la producción y la actividad de obras, especialmente en la obra pública y la ingeniería civil.

 

Durante gran parte del 2025, la construcción enfrentó retrocesos mensuales acumulados y cifras negativas en comparación anual, producto de la menor inversión pública, el ajuste de prioridades en gasto federal y la ausencia de grandes proyectos que históricamente habían sido motores de dinamismo.

 

Y de acuerdo con análisis sectoriales, el Producto Interno Bruto (PIB) del sector se mantuvo en terreno negativo para 2025, con estimaciones de contracción en torno a -1.5%, pese a esfuerzos y señales de recuperación en algunos subsectores. Esta tendencia negativa fue más pronunciada en regiones donde la obra pública perdió impulso y no fue compensada por el crecimiento de la construcción privada.

 

 

La edificación se comportó con cierto grado de resiliencia en comparación con otros segmentos, aunque no fue suficiente para contrarrestar los efectos de la caída en la ingeniería civil y obras especializadas. Esta dinámica reflejó un patrón donde la construcción residencial y ciertos proyectos industriales lograron sostener actividad, aunque con variaciones por región y tipo de obra.

 

Un punto de atención en el mercado fue la contracción mensual y anual de la industria, que evidenció la fragilidad de la inversión en obra pública y la cautela de los desarrolladores ante un entorno económico más incierto. La menor inversión pública también repercutió en el ritmo de licitaciones y ejecución de proyectos, lo que limitó el flujo de nuevas obras durante buena parte del año.

 

No obstante, existen señales de reconfiguración y potencial recuperación hacia el cierre de 2025 y de cara a 2026, especialmente vinculadas a iniciativas como el Plan México y las inversiones relacionadas con la preparación de infraestructuras para eventos como el Mundial de Futbol 2026, que podrían detonar una nueva etapa de inversión en obra pública y desarrollo urbano, así como el impulso en la construcción de vivienda.

 

En conclusión, 2025 fue un año de transición para la construcción en México: con un desempeño marcado por contracciones y retos estructurales, pero también con señales emergentes de adaptación y reconfiguración del sector ante nuevos impulsos de inversión pública y privada y una perspectiva de reactivación hacia 2026.