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La economía mexicana enfrentará en 2026 un crecimiento moderado, inflación persistente y mayor volatilidad cambiaria, en un año marcado por la revisión del T-MEC y un entorno externo incierto.

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La economía mexicana iniciará 2026 con un panorama de crecimiento limitado, presiones inflacionarias y retos en el empleo, en un entorno marcado por factores internos y externos que seguirán condicionando la actividad productiva. Tras un 2025 caracterizado por el estancamiento económico, los analistas anticipan un ligero repunte, aunque insuficiente para hablar de una recuperación sólida.

Un rebote económico modesto tras un año débil

 

El balance de 2025 apunta a un crecimiento económico cercano a 0.4%, uno de los más bajos de los últimos años, resultado de una desaceleración en la inversión, un menor dinamismo industrial y un entorno global complejo.

 

Para 2026, la expectativa central es que el Producto Interno Bruto (PIB) crezca alrededor de 0.8%, impulsado principalmente por un efecto rebote tras la baja base de comparación del año previo. Este avance sería modesto y reflejaría más una estabilización que una expansión acelerada de la economía.

El mayor impulso se concentraría en la primera mitad del año, apoyado por una mejora en el consumo, mayor actividad turística y el impacto económico del Mundial de Futbol, que generaría un ambiente de mayor gasto en servicios, comercio y entretenimiento.

Gasto público, exportaciones y consumo: los principales motores

Uno de los factores que podría dar soporte al crecimiento en 2026 es el mayor gasto público en infraestructura, luego de que en 2025 se registrara un recorte significativo. Si estos recursos se ejercen de manera eficiente, podrían convertirse en un estímulo relevante para la actividad económica.

Ahora bien, en el frente externo, las exportaciones mexicanas mostrarían un crecimiento cercano al 6%, ligeramente por debajo del avance observado en 2025, pero suficiente para aportar estabilidad al sector manufacturero y al ingreso de divisas.

También el consumo interno jugará un papel clave, impulsado por un mayor optimismo entre los hogares y por los incrementos al salario mínimo, aunque este mismo factor representa riesgos adicionales para la inflación.

Inflación: un reto que se mantiene en 2026

 

La inflación será uno de los principales desafíos de este año. Se estima que durante varios meses de 2026 —especialmente en el primer trimestre y hacia finales del verano— la inflación general supere el 4%, debido al aumento de aranceles, ajustes en el IEPS y los incrementos salariales.

 

Al cierre de 2026, la inflación anual podría ubicarse en torno a 3.87%, un nivel todavía elevado frente al objetivo del Banco de México. El principal riesgo proviene del encarecimiento de los costos laborales, ya que más del 60% de los trabajadores formales recibiría incrementos salariales directos o indirectos, lo que presiona los precios y los márgenes de las empresas.

 

 

Empleo: informalidad en ascenso

El mercado laboral también enfrentará retos importantes. La informalidad laboral, que ya supera el 54%, podría aumentar durante 2026 como consecuencia del mayor costo de contratar formalmente y del crecimiento temporal del empleo en servicios asociado al Mundial de Futbol.

Aunque se espera una creación de empleos en algunos sectores, gran parte de estas plazas serían de carácter temporal o informal, limitando la mejora estructural del mercado laboral.

Tipo de cambio y política monetaria: más volatilidad

 

Con respecto al ámbito financiero, el tipo de cambio mostraría una mayor volatilidad a lo largo del año. Durante el primer trimestre, el peso podría fortalecerse y acercarse a 17.65 pesos por dólar, apoyado por la debilidad del dólar estadunidense y operaciones financieras de corto plazo.

 

Sin embargo, en la segunda mitad de 2026 se anticipa un repunte del tipo de cambio, que podría cerrar el año alrededor de 19 pesos por dólar, con escenarios adversos que lo llevarían hasta 20.50 pesos.

En cuanto a la política monetaria, se espera que el Banco de México realice recortes adicionales a la tasa de interés por un total de 50 puntos base, para cerrar 2026 en 6.50%, en un contexto donde la Reserva Federal de Estados Unidos también continuaría ajustando su postura monetaria.

Incertidumbre externa y revisión del T-MEC

Hacia la segunda mitad del año, la economía mexicana podría enfrentar un aumento de la incertidumbre, asociado principalmente a la revisión del T-MEC y al entorno político en Estados Unidos. La posibilidad de que el tema comercial se convierta en un asunto electoral eleva el riesgo de volatilidad financiera y cautela en la inversión.

Este proceso de revisión no necesariamente concluiría en 2026 y podría extenderse hasta 2027, lo que mantendría un entorno de incertidumbre prolongada para las empresas exportadoras y los inversionistas.

Un año de transición más que de expansión

 

Finalmente, en conjunto, 2026 se perfila como un año de transición para la economía mexicana. Aunque se espera un crecimiento ligeramente mayor al de 2025, este avance será insuficiente para revertir los retos estructurales del país, como la baja inversión, la elevada informalidad y la dependencia del entorno externo.

 

El desempeño económico dependerá en gran medida de la confianza de los inversionistas, la evolución de la inflación y la capacidad del gobierno para impulsar el crecimiento sin generar desequilibrios adicionales.