El inicio de un nuevo año suele venir acompañado de propósitos ligados al bienestar: ordenar la casa, sentirnos más cómodos, renovar la energía de los espacios donde pasamos la mayor parte del tiempo. En ese proceso, la iluminación se ha convertido en una de las herramientas más efectivas —y a menudo subestimadas— para transformar el hogar sin recurrir a grandes cambios.
Cocina: claridad para crear y convivir
Uno de los espacios más activos del hogar es la cocina. Ahí se inicia el día y se comparten rutinas que definen la vida cotidiana. Una iluminación adecuada permite que el espacio se sienta ordenado, limpio y eficiente.
La recomendación es apostar por una luz general que cubra todo el ambiente y complementarla con iluminación puntual en áreas de trabajo, como barras o superficies de preparación. Esta combinación facilita las tareas diarias y, al mismo tiempo, aporta una sensación de armonía y confort que invita a permanecer en el espacio.
Sala: versatilidad que acompaña el ritmo del día
Por su parte, la sala cumple múltiples funciones: es punto de reunión, espacio de descanso y lugar para desconectarse. Por eso, la iluminación debe adaptarse a distintos momentos y actividades.

Recámara: luz para el descanso y la calma
En la recámara, la iluminación adquiere un carácter más emocional. Aquí la luz debe invitar al descanso, ayudar a desconectarse del ritmo del día y crear una sensación de refugio personal.
Lo ideal es elegir una iluminación envolvente, que no deslumbre, y complementarla con puntos de luz funcionales para lectura o actividades específicas. De esta manera, el espacio se vuelve más equilibrado y favorece rutinas más relajadas, tanto al inicio como al final del día.

La iluminación como aliada de los nuevos propósitos
Renovar la iluminación del hogar es una forma sencilla de materializar los propósitos de Año Nuevo. Sin grandes remodelaciones, la luz tiene el poder de redefinir ambientes, mejorar el bienestar y acompañar los distintos estados de ánimo a lo largo del día.
