A menos de 100 días de la Copa Mundial de la FIFA 2026, el turismo internacional comienza a mostrar una transformación acelerada, impulsada por un tipo de viajero que responde más a la emoción que a la planeación tradicional.
Y a diferencia del turismo convencional, estos viajes no parten de un destino, sino de un momento específico: el partido. La decisión se construye en torno a un evento puntual, lo que genera itinerarios más cortos, flexibles y sujetos a cambios constantes. Vuelos, hospedaje y actividades se ajustan sobre la marcha, configurando un modelo de movilidad mucho más dinámico.
Este comportamiento no es menor en términos de impacto. Se estima que los viajes vinculados a grandes eventos deportivos pueden incrementarse hasta en 25%, activando de manera directa sectores como la aviación, la hospitalidad y el real estate turístico.
La experiencia reciente lo confirma. Durante la Copa Mundial de la FIFA Catar 2022, la edad promedio de los asistentes rondó los 37 años, y una proporción significativa reconoció que no habría viajado de no ser por el evento.
Sin embargo, la combinación entre inmediatez y flexibilidad también eleva el nivel de riesgo. Más del 55% de los viajeros ya considera necesario contar con coberturas médicas amplias y opciones de cancelación flexible, en respuesta a itinerarios menos estructurados y mayor exposición a cambios de último momento.
Más allá de las cifras, el turismo deportivo está transformando la manera de viajar. No solo en términos de volumen, sino en la velocidad de decisión, la flexibilidad del itinerario y la expectativa de servicios.