Viajar en 2026 implica una relación distinta con la incertidumbre. Cambios climáticos más marcados, aeropuertos operando al límite en temporadas altas y una mayor complejidad logística forman parte del escenario habitual de la movilidad turística actual.
Datos recientes muestran que cerca de ocho de cada diez personas consideran importante contar con un seguro de viaje cuando salen del país, mientras que cuatro de cada diez lo contratan incluso para trayectos nacionales.
Refleja esta tendencia un cambio cultural en la manera de entender el bienestar durante el viaje, especialmente en un entorno donde las variables externas, como clima, saturación de destinos o ajustes operativos, son cada vez menos previsibles.
En México, esta percepción se vincula directamente con la experiencia turística en temporadas vacacionales. La alta concentración de viajeros en aeropuertos, carreteras y destinos de playa suele traducirse en demoras, reprogramaciones o cambios de itinerario que, si bien forman parte del viaje contemporáneo, requieren una mayor capacidad de adaptación por parte de los viajeros.
A ello se suman variaciones climáticas que pueden impactar traslados terrestres, operaciones aéreas y actividades recreativas, de acuerdo con registros del Servicio Meteorológico Nacional.
Estas coberturas reflejan cómo el viaje se entiende hoy como una experiencia integral, donde la logística, la salud y el tiempo tienen un peso similar.
Bajo este contexto, el seguro de viaje se consolida en 2026 como un componente estructural de la movilidad turística, alineado con una forma de viajar que reconoce los límites del control, pero también la posibilidad de anticiparse.