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Realizar el diseño de las estaciones y su construcción es clave, pero el país tiene la capacidad de generar energía limpia.

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Según datos del Ministerio de Medio Ambiente de Chile, el sector de transporte es responsable del 36.6% del consumo energético del país, del cual el 99% corresponde a fuentes derivadas del petróleo, así es responsable de cerca de un 25.5% del total de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) de Chile.

Por lo que se requiere necesariamente una política pública que rija el consumo energético de este rubro y así aminorar el impacto medioambiental que produce, además de disminuir la dependencia de Chile de combustibles fósiles importados.

La Estrategia Nacional de Electromovilidad establece que, para 2035, todos los nuevos vehículos livianos y medianos, el transporte público -incluyendo buses y taxis- y la maquinaria de minería y construcción deberán ser cero emisiones.

Ante estos nuevos lineamientos, surgen algunas dudas sobre cómo las empresas podrán alcanzar las metas establecidas dado que deberán cumplir con ciertas regulaciones, como los requisitos mínimos de eficiencia para los vehículos.

 

Aun con el panorama retador y a diferencia de otros países de la región, Chile cuenta con la ventaja de tener una gran capacidad de generación de energía limpia.

 

Además de los costos asociados para que estas nuevas flotas sean asequibles para la ciudadanía y rentables para los proveedores, normativas respecto a la infraestructura y puntos de carga, entre otros factores relevantes, señala una publicación de elmostrador.cl.

Sobre la infraestructura de carga eléctrica, que es clave para el avance a la electromovilidad, las empresas ensambladoras o importadoras de vehículos deben considerar distintas variantes para desarrollar localmente las estaciones de carga a fin de que los vehículos cumplan con los requisitos exigidos por la ley.

Miguel Oñate, director de Desarrollo de Negocios de Black & Veatch, destacó que tanto en Chile como en  Latinoamérica, la oferta calificada para realizar desde el diseño de la infraestructura de las estaciones de carga hasta la construcción es realmente baja en las distintas partes del proceso.

No obstante, para alcanzar el cumplimiento de esta meta nacional, Chile también requiere incrementar los puntos de carga necesarios a nivel nacional para satisfacer la demanda que esta migración a flotas limpias implicará.

 

 

“Pero, a diferencia de otros países de la región, Chile cuenta con una gran ventaja para satisfacer esta necesidad gracias a su gran capacidad de generación de energía limpia”, agregó el ejecutivo al medio chileno.

En el caso de los altos costos que aún implica la adquisición de este tipo de vehículos, “es un desafío en el que el Estado debe trabajar para ofrecer mejores condiciones al sector automotor y que las empresas puedan poner en marcha la adquisición de nuevas flotas de vehículos eléctricos que sean accesibles para el consumidor”.

Por eso, para aminorar las cifras de emisión de GEI y el consumo eléctrico que el sector automovilístico genera hoy en día, se hace necesario un trabajo conjunto entre sector público y empresas privadas para cumplir de la mejor forma posible los objetivos propuestos por la Estrategia Nacional de Electromovilidad.

“Es 100% alcanzable. El mercado ya está avanzando y va por buen camino; y, como punto a favor, Chile cuenta con capacidades naturales y proveedores altamente calificados para llevar a cabo este proyecto nacional”, finalizó el especialista.