Fundadores de la arquitectura funcionalista mexicana, no solo diseñaban edificios, también mobiliario, campos de golf y hasta transporte colectivo; introdujeron elementos de sustentabilidad.

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¿Cuál es la grandeza de la arquitectura de los años 50 y 60 en México? ¿Cuáles son sus conceptos principales de bienestar? ¿Por qué está al centro del concepto el bienestar del ser humano? ¿Pueden solamente diseñar edificios? ¿Cuáles son los elementos de la arquitectura industrializada? ¿Cuál es la visión que debe perseguir un arquitecto?

Las anteriores son algunas premisas que responde el libro “Juan Becerra y Manuel Teja en la Arquitectura de México” de la Serie Cuadernos de Arquitectura que edita la Secretaría de Cultura federal y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

El libro, que se puede disfrutar de manera gratuita, sorprende gratamente. En él, podemos ver a estos dos arquitectos, fieles a la escuela de otro maestro, Ludwig Mies Van der Rohe, seguir las pautas de una arquitectura socializada e industrial, que presenta los nuevos retos del hombre:

“Cuando el arquitecto Becerra, mi socio, y yo decidimos tratar de industrializar los sistemas constructivos, era persiguiendo la idea de que solamente la industria sería capaz de resolver todos los problemas masivos modernos de la arquitectura”, destacó Manuel Teja en 1979.

Ambos, también exponentes de la arquitectura funcionalista mexicana, recibieron en las aulas el extraordinario expertise del maestro Juan O´Gorman, fundador de la Escuela de Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional (IPN), donde asimilaron el concepto de industrialización y lo ejecutaron en su máxima expresión en sus obras con una orientación eminentemente social en el ámbito de la vivienda y su extraordinaria labor para el Programa Federal de Construcción de Escuelas, al desarrollar sistemas estructurales innovadores integrando el diseño industrial en cada detalle de sus edificaciones.

No solo edificios

El cuadernillo sorprende, porque los arquitectos no sólo diseñaron edificios funcionales, sino también mobiliario, campos de golf, estructuras, y hasta camiones de transporte colectivo, con una visión moderna que contempló las futuras épocas de saturación demográfica, tal como lo muestra el diseño de sus camiones.

Los arquitectos también fueron pioneros del tema sustentable:

“En los procesos de fabricación industrial de sus diseños, en manera inaudita encontraban la mejor forma de elaborar una pieza. Planteaban su solución, y resultaba la adecuada, con el procedimiento de producción más rápido, en el que se desperdiciaba menos material”.

En el texto introductorio, David Cymet Lerer destaca la ética de la construcción y la arquitectura de los dos creadores:

“No era su profesión de arquitectos una mera manera de ganarse la vida, sino que toda su vida la formaron en torno a ella como un ideal. Para ellos, hacer arquitectura era la misión de su vida, que los impulsaba a aspirar a los más altos niveles de calidad y excelencia. No aceptaban la mediocridad ni el ‘ahí se va’ dedicándole la máxima atención a todo el proceso creativo y productivo cuidando hasta el menor detalle”.

Plano internacional destacado

Cyme, los ubica, incluso, en un plano internacional destacado:

“Desde mi punto de vista, me atrevo a considerar que junto con Phillip Johnson se sitúan en la joven generación de arquitectos después de Mies Van de Rohe, que hicieron realidad la revolución industrial en la arquitectura”.

Por su parte, Mario Alejandro Gaytán Cervantes, destaca que su labor también incluía la ingeniería estructural:

“A través de una arquitectura modulada e industrializada, de acuerdo con sistemas diseñados por ellos, se produjo por primera vez en México una integración total del diseño arquitectónico con el diseño industrial, sobre todo, en la producción de una arquitectura integral de los elementos arquitectónicos con los estructurales, mobiliario e incluso, los utensilios. Por igual diseñaron y fabricaron elementos arquitectónicos (muros, ventanas de diferentes tipos, canceles, etcétera); estructurales (sistemas de columnas, trabes y losas), así como los muebles (para casa habitación, oficinas, industria, entre otros)”.

Entre su labor discreta pero destacada están la cúpula del Centro Vacacional de Oaxtepec, Colegios de Bachilleres en Iztapalapa, clínicas del IMSS, inmuebles en Las Águilas, Las Arboledas, el Club de Golf La Hacienda y numerosos inmuebles escolares.  

Finalmente, hacen un recuento de su visión:

“Es responsabilidad del urbanista y del arquitecto crear espacios dignos y agradables, donde el hombre desarrolle sus actividades, y viva entre cosas bellas; por eso tiende a rodearse de la naturaleza y crear formas de su propia invención.”

Para consultar el link del libro, del cual fueron tomadas algunas gráficas, consulta:

https://inba.gob.mx/multimedia/publicaciones/46/46-PDF-cuadernos_de_arquitectura_3_-_juan_becerra_y_manuel_teja.pdf