El arquitecto francés, André Jacques Bodin, conversó en exclusiva con Real Estate Market & Lifestyle acerca de su trabajo; destacó los elementos sociales, los espacios culturales y la educación cívica.

¿Cómo conjugas diversos elementos como la cultura, la resiliencia y el urbanismo en tu trabajo?

La arquitectura es un camino. Depende con quién trabajes y viajes. Yo vengo de Francia, estudié en Versalles y en Estados Unidos estudié urbanismo. Tuve un desarrollo como artista cuando llegué a trabajar a México. Todo lo que es mi formación se mezcla con lo que es México: Cultura, urbanismo y arte contemporáneo. Hay una parte en mi formación que tiene una conciencia de urbanismo y la ciudad. Hay otra parte que es artística y que realiza obras de arte contemporáneo.

Otro tema lo desarrollo con la organización Sismolisto, que es el resultado de un trabajo que hicimos justo después del sismo de 2017. Tratamos de ayudar con lo que sabemos hacer los arquitectos. Hacíamos dictámenes de edificios para ver si estaban en buenas condiciones y comprobar si la estructura estaba afectada, en conjunto con las autoridades y los DROs (Directores Responsables de Obra), que tienen esta obligación. Lo que hicimos fue ayudar a dar una primera opinión checando los edificios y canalizar esa información hacia la gente y las autoridades.

Sismolisto es un grupo de arquitectos que se suman a la causa para ayudar para estar preparados para un evento así. Además, es un canal de información con gente preparada, o para los que quieren capacitarse o los que quieren apoyar con lo que tienen. Ellos saben qué hacer, cómo ayudar y cómo generar información oportuna. Es una especie de fuerza de trabajo profesional.

¿Qué es lo que le hace falta en el país referente a temas de protección civil?

Los países tienen historias diferentes. Francia no tiene el mismo problema con los sismos. En Italia ahí sí hay fallas más susceptibles. En México, por ejemplo, hay un Reglamento de Construcción muy válido que contiene todos los fundamentos para construir y hacer las cosas bien.

A veces, lo que podría faltar es educación y difusión, porque la gente no quiere construir de forma correcta; otras veces no saben cómo hacerlo o no se implementa adecuadamente porque la información no está difundida de la manera correcta. Personalmente apuesto más a la educación cívica, a la conciencia y a la difusión de la información. En Europa hay una mejor difusión de esta información.

¿Cómo se aterriza el urbanismo hacia el tema de las Smart Cities?

Hay principios de urbanismo muy sencillos. Para ello debe fluir la comunicación. En la ciudad se trata de favorecer la comunicación para que todos los barrios se conecten. La movilidad es lo esencial. Un segundo tema sería dar más difusión a la educación cívica para la gente y cómo aplicar mejor las reglas de la convivencia. Con más participación ciudadana y movilidad aplicada a todos los proyectos de urbanismo, básicamente.

¿Cuál fue el fruto de tu experiencia de trabajo con el Premio Pritzker Portzamparc?

Christian de Portzamparc es un gran genio de la ciudad. Un día llegó con ideas muy profundas sobre cómo hacer la ciudad. Es un maestro que vale la pena estudiar. Yo trabajé con él 10 años y traté de asimilar todos sus principios. Es difícil de explicarlo porque eso me llevaría realizarlo a través de diagramas. Es un tema de fluidez en la ciudad y una comunicación óptima.

Por ejemplo, unir conceptos como el de una carretera, con una vía de alta velocidad muy eficiente, pero que si no logra establecer un diálogo entre los edificios adentro de la ciudad, sería un fracaso. Puedes tener una planeación urbanística que no comunique un concepto con otro y eso provocará que se asfixie la ciudad, porque dejan de hablar los edificios entre sí, en cierta manera. Portzamparc pensaba que un bloque tenía que hablar con otro.

Ahora, cada edificio tiene que permitir un diálogo con su vecino. No necesariamente todos los edificios tienen que ser iguales, pero deben tener una armonía y una comunicación que genere paz y felicidad adentro de la ciudad. Eso se aplica en las grandes ciudades en Europa, en Bruselas, por ejemplo y yo pienso que se puede aplicar en los grandes espacios de Insurgentes y Reforma con mucho éxito. Se trata de generar paz, felicidad y una vista parcial de la ciudad. Él es un arquitecto muy complejo. Pienso que es importante seguir a los grandes para poder realizar grandes cosas.

Háblanos acerca de tu estilo…

Mi estilo es la búsqueda de una arquitectura, nueva, única pero que busca ser contemporánea. Cada espacio contempla una respuesta específica con un diseño nuevo que lleve una aportación. ¿Por qué? Los arquitectos somos buscadores de soluciones que tratan de mejorar el mundo de una manera positiva. Mi forma es una búsqueda empírica para llegar al mejor edificio que aporte soluciones nuevas. Aparte tengo un lado que es mi formación en la escuela francesa que es de estilo clásico-contemporáneo, que lleva orden en su organización, en su proporción, pero que sigue las reglas específicas para generar alguna emoción.

¿Cuáles son tus influencias mexicanas e internacionales más importantes?

Luis Barragán y Sordo Madaleno son grandes artífices, junto con Legorreta. Hay gente como Diego Rivera que llegó a realizar el Museo Anahuacalli con una arquitectura muy especial, ya que es una mezcla de arte. Yo mantengo mucha pasión por la obra del italiano Renzo Piano. Para mí es el arquitecto más importante por su inteligencia; cada uno de sus proyectos tienen una respuesta distinta.

Además, presenta una estética diferente al viento, historia o la luz. Está haciendo proyectos cada vez proyectos más maravillosos que no tienen qué ver ninguno con el otro. Es un arquitecto que se sabe renovar todo el tiempo. Me gusta lo que está haciendo BIG (Bjarke Ingels Group), que es gran amigo de Michel Rojkind, también está el trabajo de MRDV de Holanda. Hay muchos otros. Los japoneses Tadao Ando y el de Toyo Ito, con lo que hizo en Puebla. Creo que el arquitecto tiene que saber ser humilde.