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El Simulacro Nacional permite practicar la reacción inmediata ante un sismo, pero una emergencia real puede prolongarse durante horas o días. La prevención también implica preparar viviendas, edificios y familias para enfrentar interrupciones de servicios, comunicaciones y movilidad.

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Cada 19 de septiembre, los simulacros recuerdan en México la importancia de saber cómo reaccionar ante un sismo. Sin embargo, evacuar correctamente un inmueble constituye solamente la primera etapa de una emergencia que, en condiciones reales, puede extenderse durante horas e incluso días.

El Simulacro Nacional programado para este 19 de septiembre contempla cinco hipótesis sísmicas para diferentes regiones del país, entre ellas un movimiento de magnitud 7.7 con epicentro en Tehuacán, Puebla. El ejercicio busca evaluar no solamente la evacuación, sino la preparación, coordinación y capacidad de respuesta.

La dimensión del reto quedó reflejada durante el Primer Simulacro Nacional de 2026, cuando participaron más de 37 millones de personas y se registraron 167 mil 810 inmuebles en las 32 entidades federativas.

Para CADENA México, organización humanitaria especializada en preparación y respuesta ante emergencias, el desafío consiste en trasladar lo aprendido durante los simulacros hacia escenarios menos previsibles.

 

“Una emergencia real puede modificar las condiciones rápidamente: las comunicaciones pueden verse afectadas, la movilidad puede complicarse y algunos servicios básicos pueden interrumpirse”, señaló Liora Pupko, presidenta de CADENA México.

 

Los edificios también deben estar preparados

En viviendas, condominios y torres residenciales, la prevención no termina al identificar rutas de evacuación y puntos de reunión. Una emergencia puede provocar interrupciones de electricidad, agua y telecomunicaciones, dificultar los desplazamientos e incluso impedir temporalmente el regreso de los habitantes al inmueble.

 

 

Por ello, administradores y residentes necesitan conocer previamente los riesgos de su entorno, establecer mecanismos de comunicación y contemplar las necesidades de niños, adultos mayores, personas con discapacidad, quienes dependen de medicamentos y también de las mascotas.

En el ámbito familiar, contar con una mochila de emergencia es importante, pero no suficiente. CADENA recomienda disponer de agua, alimentos no perecederos, medicamentos, documentos importantes, lámpara y radio, además de establecer quién realizará determinadas tareas, dónde se reunirá la familia y cómo mantendrá comunicación si las redes telefónicas se saturan.

 

“La preparación no consiste en vivir con miedo a que ocurra un desastre, sino en reducir la cantidad de decisiones que tendremos que improvisar cuando ocurra”, explicó Pupko.

 

El simulacro, por tanto, permite ensayar los primeros minutos. La verdadera cultura de prevención comienza al preguntarse qué sucederá después de evacuar y qué tan preparados están hogares y edificios para enfrentar las siguientes horas de una emergencia.