Más allá del componente emocional, la adquisición de un inmueble se consolida como una estrategia para construir patrimonio y estabilidad de largo plazo, especialmente en la Ciudad de México.
De acuerdo con Ingrid Acebo, directora de proyecto de University Tower, la tendencia responde a distintos factores: el encarecimiento de las rentas en zonas céntricas, la volatilidad económica, el interés por generar activos reales y nuevas dinámicas de convivencia. Bajo este escenario, la compra de vivienda deja de percibirse como una meta individual y se transforma en una estrategia compartida para fortalecer el futuro financiero.

En particular, la vivienda vertical ha cobrado relevancia como alternativa ante la transformación urbana de la capital. La reducción de la expansión horizontal y la necesidad de mayor conectividad han impulsado desarrollos que privilegian ubicación, cercanía a centros de trabajo y acceso a servicios integrados. Según Acebo, este modelo responde a la evolución natural de ciudades densas como la CDMX, donde las parejas buscan espacios funcionales y alineados con su estilo de vida.
Otro punto clave es elegir ubicaciones con perspectiva de plusvalía sostenida, conectividad y servicios, así como formalizar acuerdos legales desde el inicio para brindar certeza a ambas partes. La claridad financiera y jurídica, advierten, contribuye a evitar conflictos y fortalece la relación.
Más allá del retorno económico, la calidad de vida también juega un papel central. Seguridad, comunidad y bienestar son factores que influyen tanto como la rentabilidad en la decisión de compra.
En un contexto donde las relaciones y los esquemas familiares evolucionan, invertir en pareja se perfila como una de las decisiones patrimoniales más relevantes para quienes buscan construir estabilidad, raíces y proyección a futuro en una ciudad dinámica como la capital del país.