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El Mundial de Futbol 2026 se perfila como uno de los mayores retos logísticos y turísticos para México en las últimas décadas. La Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, sedes del torneo, enfrentan una presión inédita sobre su infraestructura de hospedaje ante la llegada de miles de visitantes nacionales y extranjeros.

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De cara al evento, el país incorporará más de 3,300 nuevas habitaciones hoteleras, muchas de ellas bajo modelos alternativos de alojamiento que están transformando la manera de concebir la infraestructura turística y de construcción. Sin embargo, especialistas advierten que este crecimiento podría resultar insuficiente frente a la demanda proyectada durante el Mundial.

 

Paola Govea, directora de Estrategia Comercial y Mercadotecnia de GAYA, señaló que, si bien el incremento en la oferta es relevante, el verdadero desafío va más allá del número de habitaciones. En su opinión, el foco debe estar en que los proyectos se ejecuten en tiempo, cuenten con una visión moderna y aseguren su rentabilidad una vez concluido el torneo.

 

En este contexto, las rentas de corta estancia jugarán un papel clave para absorber parte de la demanda, especialmente en la Ciudad de México, donde existen alrededor de 40 mil unidades disponibles, de acuerdo con cifras de la Asociación de Viviendas Turísticas en México (AMVITUR). Este segmento se perfila como un complemento relevante a la oferta hotelera tradicional durante el evento.

 

 

No obstante, Govea advierte que la infraestructura de hospedaje debe diseñarse con una flexibilidad operativa, que permita a los proyectos adaptarse a las condiciones del mercado una vez que termine la justa deportiva. De lo contrario, el riesgo es generar activos poco funcionales en el mediano y largo plazo.

 

Desde una perspectiva estratégica, el éxito de los desarrollos de hospedaje vinculados al Mundial 2026 no dependerá únicamente de construir más espacios, sino de integrar procesos de construcción eficientes, cumplimiento normativo y diseños flexibles, capaces de responder tanto a picos de demanda como a escenarios de operación ordinaria.

 

El Mundial 2026 representa así una oportunidad histórica para fortalecer y modernizar la infraestructura hotelera del país. Aquellos proyectos que incorporen una visión de largo plazo serán los que logren capitalizar el impacto del evento y mantenerse vigentes más allá del calendario deportivo.