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El re-commerce, término que engloba la compraventa de artículos de segunda mano, la restauración de piezas vintage y la reutilización creativa de materiales, ha dejado de ser una alternativa económica para convertirse en el lenguaje más elocuente del diseño de interiores contemporáneo.

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Una de mis convicciones más firmes desde que fundé Taller 1339, es que el buen diseño no debería comenzar desde cero de manera automática. Durante años, en el mundo de la arquitectura y el interiorismo, el estándar implícito fue sinónimo de nuevo: materiales recién extraídos, muebles que olieran a fábrica y superficies sin ninguna huella del tiempo. Esa premisa, que durante décadas fue el símbolo de la sofisticación, ha comenzado a mostrar sus grietas, y no precisamente las bonitas.

 

En la actualidad, el re-commerce, ha redefinido los parámetros de lo que significa diseñar un espacio con criterio. Y no hablo únicamente de nostalgia ni de modas pasajeras. Hablo de un cambio de paradigma real, sostenido y con raíces ideológicas mucho más profundas que cualquier tendencia publicada en una revista de temporada.

 

Tan solo, en los últimos cinco años, el mercado global de segunda mano ha crecido de forma exponencial. En el ámbito de la arquitectura y el diseño de interiores, esto plantea una pregunta clave: ¿por qué cada vez más personas, incluidos muchos diseñadores, están optando por lo usado en lugar de lo nuevo?

Hay 2 puntos importantes a considerar: El primero es, desde luego, la conciencia ambiental. Según datos de la industria del diseño, la producción de mobiliario y materiales de construcción representa una de las fuentes más significativas de residuos industriales en el mundo. Cada vez que un mueble va al vertedero porque quedó fuera de moda, no solo se pierde el objeto: se pierde la energía, el agua, la materia prima y el trabajo humano que costó fabricarlo, sin olvidar mencionar la contaminación que esto genera si consideramos miles y miles de objetos en la misma situación. El re-commerce es, en ese sentido, una forma de resistencia ecológica tan válida como instalar paneles solares o reducir el consumo de plástico.

 

Y, en segundo lugar, la autenticidad. Vivimos tiempos de saturación estética. Los algoritmos nos muestran los mismos interiores escandinavos, las mismas paletas neutras y los mismos estantes con plantas, el resultado es una homogeneización del gusto que, paradójicamente, ha generado una sed enorme por lo singular, por lo irrepetible, por lo que cuenta una historia que ningún catálogo podría replicar.

 

Lo vintage está de moda

Un aparador de los años sesenta al que se le cambia el herraje pero se preserva su estructura de madera sólida aporta una solidez, tanto física como simbólica, que ningún mueble nuevo podría ofrecer.

 

 

La restauración de muebles es una disciplina artística que merece más reconocimiento del que recibe. No se trata de aplicar pintura sobre cualquier superficie; un buen proceso de restauración implica conocer las maderas, los sistemas de ensamble, las técnicas de acabado de cada época; implica decidir qué se conserva, qué se reemplaza, dónde termina la pieza original y dónde comienza la nueva. Esa negociación entre pasado y presente es exactamente lo que hace tan fascinante el trabajo con objetos heredados.

Otro aspecto importante del re-commerce es la reutilización creativa de materiales de construcción y de piezas industriales.

 

Lo que me fascina de esta práctica es que obliga al diseñador a pensar de manera diferente. Cuando trabajas con materiales nuevos, el límite es el catálogo. Cuando trabajas con lo que existe, el límite es tu capacidad de imaginar. He visto cómo una restricción aparente, "solo tenemos estos tablones viejos", se convierte en la solución más elegante de un proyecto. La limitación como motor de la creatividad no es un concepto nuevo, pero en el diseño con materiales reutilizados alcanza una dimensión casi artística.

 

Así, elegir una pieza de segunda mano sobre una nueva no es siempre el camino más fácil. Requiere tiempo, búsqueda, criterio. Implica a veces invertir en restauración. En Taller 1339 creemos que los espacios que habitamos nos definen, nos cuentan, nos proyectan hacia el mundo.

El objeto más hermoso de un espacio bien diseñado no es el más caro ni el más nuevo. Es el que tiene algo que decir. Y los objetos que más tienen que decir son, casi siempre, los que ya han vivido.

*La autora es fundadora y directora general de Taller 1339.