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Texturas, luz, sombra y materiales aparentes cobran protagonismo en espacios que buscan generar experiencias más allá de lo visual. El ladrillo evoluciona de elemento constructivo a recurso para crear atmósferas.

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La arquitectura contemporánea comienza a recuperar una relación más cercana con los materiales. Piedra, madera, barro y ladrillo dejan de ser elementos que deben ocultarse detrás de acabados para convertirse en parte de la experiencia de habitar un espacio.

 

Esta tendencia se relaciona con la arquitectura sensorial, una forma de diseño que busca que los espacios no solamente se observen, sino que también puedan percibirse mediante la textura, la luz, la sombra, el color y la materialidad.

 

Tan solo en México, esta relación tiene una base importante en la propia tradición constructiva. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Vivienda (ENVI) 2020 del INEGI, el país contaba con 35.3 millones de viviendas particulares habitadas y 92.4% tenía paredes construidas con materiales resistentes, entre ellos tabique, ladrillo, block, cantera, cemento o concreto.

Cuando el material modifica el espacio

Para Novaceramic, el ladrillo es uno de los materiales que mejor ejemplifica esta transformación. Su textura produce relieves y sombras, mientras que sus variaciones de color pueden cambiar dependiendo de la iluminación.

Una misma pared puede aportar calidez a un interior, profundidad a una fachada o convertirse en un elemento de transición entre arquitectura y vegetación en un patio.

La luz natural también modifica la percepción del material. A lo largo del día, las sombras sobre una superficie texturizada cambian y generan diferentes lecturas del espacio. Por la noche, la iluminación artificial puede enfatizar determinados relieves y producir otra atmósfera.

 

“Los materiales tienen la capacidad de transformar la percepción de un espacio. El ladrillo, por su textura, color y comportamiento frente a la luz, permite crear ambientes que se sienten diferentes dependiendo de cómo se utilice. Hoy el reto está en llevar esas cualidades a propuestas cada vez más creativas y personalizadas”, señala Jonathan Nava, director de Mercadotecnia de Novaceramic.

 

Del muro al concepto arquitectónico

La evolución consiste en dejar de utilizar el material únicamente como acabado y convertirlo en parte del concepto del proyecto.

Una superficie puede funcionar como hilo conductor entre espacios, marcar una transición entre interior y exterior o convertirse en punto focal sin necesidad de incorporar elementos decorativos adicionales.

La combinación de materiales amplía estas posibilidades. El ladrillo y la madera pueden generar ambientes cálidos; el ladrillo y el concreto producen contrastes entre lo industrial y lo artesanal, mientras que el vidrio permite incorporar transparencia, reflejos y textura.

 

En este sentido, el material también puede contribuir a construir la identidad de un proyecto.

 

Materiales que cambian con el tiempo

Otra característica que recupera la arquitectura sensorial es la capacidad de los materiales para mostrar el paso del tiempo.

Las variaciones de tono y textura de una superficie pueden adquirir nuevos matices conforme cambia la iluminación, las estaciones o el propio uso del espacio. Para arquitectos e interioristas, esto significa trabajar con elementos cuya apariencia no permanece completamente estática.

La tecnología también ha ampliado estas posibilidades. Nuevos acabados y procesos de personalización permiten experimentar con colores, texturas y patrones sin perder la presencia del material.

En el caso del ladrillo, propuestas como las familias Caravista, Signature, Metalizado, esmaltados y WeDesign de Novaceramic buscan ampliar las posibilidades de aplicación mediante diferentes acabados y opciones de personalización.

Así, el ladrillo deja de ser únicamente un componente constructivo para convertirse en una herramienta de composición arquitectónica.

 

La arquitectura sensorial parte de una premisa sencilla: un espacio no solamente se construye para ser visto, sino también para ser vivido. La materialidad, la luz y las texturas pueden influir en cómo las personas perciben y experimentan un lugar.

 

El reto para el diseño contemporáneo está, entonces, en crear espacios que no solo funcionen en una fotografía, sino que también produzcan una experiencia cuando se habitan.