Durante la última década, el concepto de ciudad inteligente estuvo asociado con la innovación tecnológica y la experimentación urbana. Sin embargo, la tendencia global ha cambiado.
De acuerdo con el más reciente informe de la firma de investigación Berg Insight sobre tecnología para ciudades inteligentes, la adopción de soluciones digitales está entrando en una fase de madurez en la que los proyectos deben demostrar beneficios concretos antes de escalarse.
El estudio analiza cinco áreas tecnológicas clave: alumbrado público inteligente, estacionamiento inteligente, gestión inteligente de residuos, monitoreo urbano de la calidad del aire y sistemas de vigilancia urbana.
Ahora bien, el alumbrado público inteligente continúa consolidándose como la columna vertebral de muchas estrategias urbanas. En 2024, la base instalada global –excluyendo China– de farolas con control individual alcanzó 27.9 millones de unidades. Las previsiones indican que esta cifra crecerá a una tasa anual compuesta de 21.8%, hasta llegar a 74.5 millones de unidades en 2029. La razón es clara: estos sistemas permiten reducir el consumo energético, optimizar el mantenimiento y administrar la iluminación de manera remota.
La gestión inteligente de residuos también muestra un dinamismo notable. En 2024 existían 1.56 millones de sensores de llenado instalados en contenedores o puntos de recolección, dispositivos capaces de informar en tiempo real cuándo deben vaciarse. Este segmento será el de mayor crecimiento entre las tres tecnologías principales, con una tasa anual estimada de 22.3 por ciento.
Paralelamente, el monitoreo de la calidad del aire urbano se está transformando gracias a sensores cada vez más pequeños y económicos. Estos dispositivos complementan las estaciones regulatorias tradicionales y permiten ampliar significativamente la cobertura ambiental en las ciudades. Actualmente existen alrededor de 206 mil sensores instalados en espacios urbanos exteriores, cifra que podría superar los 633 mil dispositivos hacia 2029.
El mayor mercado dentro de este ecosistema sigue siendo el de la vigilancia urbana. En 2024 alcanzó un valor global de 13,600 millones de euros, impulsado por soluciones de videovigilancia y monitoreo acústico tanto fijas como móviles. Se prevé que este sector crezca a una tasa anual de 15.6% en los próximos años.
Según William Ankreus, analista de IoT de Berg Insight, la creciente demanda de infraestructura gestionada de forma remota está impulsando la evolución de los servicios urbanos. Esta tendencia, explica, está sentando las bases para ciudades más resilientes y sostenibles.
El mensaje es claro: las ciudades inteligentes han dejado atrás la fase experimental. Hoy, la tecnología urbana debe demostrar su valor en eficiencia, ahorro y calidad de vida, marcando una nueva etapa en la transformación digital de las metrópolis.