Las cuatro ciudades líderes en cuanto a madurez global en políticas ciclistas son las neerlandesas Utrecht y Ámsterdam, la danesa Copenhague y la belga Gante, según un nuevo ranking internacional.
El Índice Copenhagenize 2025 – Edición de Movilidad Urbana del EIT, el ciclismo ya no se considera un tema de movilidad minoritario, sino una “palanca transversal” para la acción climática, la salud pública y la calidad de vida en general.
De 150 ciudades preseleccionadas, se evaluaron 100 ciudades de 44 países, lo que convierte a esta clasificación en un referente mundial único, según afirma EIT, que incluye centros urbanos de todos los continentes.
Ahora bien, en todos los continentes, el índice registra un cambio desde los proyectos piloto hacia programas más estructurados y a largo plazo, integrados en planes más amplios de resiliencia y movilidad sostenible. Sin embargo, el índice también constata que la brecha entre la ambición y la implementación sigue siendo amplia, y que la estabilidad de la financiación, la continuidad política y la capacidad técnica se perfilan como factores clave que diferencian a las ciudades mejor clasificadas de las de clasificación media.
Más allá del clima o la topografía, el factor que mejor predice el éxito del ciclismo es la inversión continua respaldada por una gobernanza interdepartamental eficaz.
Para el índice, las ciudades que conciben el ciclismo como un sistema –integrando infraestructura, comunicación y monitoreo– logran sistemáticamente resultados mejores y más estables.
Si bien las ciudades históricas que han apostado por el ciclismo han invertido durante décadas, según el índice, muchas de las ciudades mejor clasificadas hoy en día lograron su posición gracias a un cambio decisivo en sus políticas: pasar de iniciativas modestas a convertir el ciclismo en un pilar fundamental del desarrollo urbano.
Mientras tanto, Quebec (29º), Lyon (14º), Berna (20º), Graz (21º), Bolonia (25º), Estocolmo (26º), Vitoria-Gasteiz (27º) y Wrocław (28º) entran en el Índice por primera vez, lo que indica un fuerte impulso hacia la transformación ciclista.
Con respecto a las 30 ciudades principales, lo que las distingue es que la mayoría comparte una fortaleza común: un claro avance en sus estándares de diseño, desde carriles para bicicleta más amplios y una separación efectiva del tráfico motorizado hasta la transformación de corredores urbanos en calles exclusivas para bicicletas donde el volumen de ciclistas lo justifica.
Esta infraestructura impulsa directamente el número de personas que optan por la bicicleta. Estos ejemplos demuestran que las calles no tienen por qué priorizar los autos; cuando se diseñan para todos, los beneficios se extienden por toda la ciudad.