Monterrey, potencia económica en expansión
Real Estate Market 36 P o rtada Tampoco es así. Aprendí que si le hablas directo, sin tenerle miedo, sin ser como Santa Claus, es mejor. Una sociedad que está enojada difícilmente puede comprender. ¿Qué está pasando en Nuevo León? Llegamos con una expectativa muy alta, y con dificul- tades para cumplirle promesas, pero me di cuenta que es posible resolverlas si le echas ganas, tienes que de- dicarle todo el tiempo. Lo que hice fue utilizar lo que los políticos no utilizan: la tecnología y el teléfono. En Nuevo León todo el mundo tiene mi teléfono. GM.- ¿Cómo, para qué, para marcar? JRC.- Todos los ciudadanos tienen el número celular del gobernador; se comunican conmigo por whatsapp . Todos los políticos tienen 5 celulares. Yo tengo uno y lo manejo. Yo no tengo secretario privado, ni asistente. Tú puedes entrar aquí directamente y salgo a recibirte. No tengo directorio del protocolo, no hay director de dis- cursos, no hay quien haga alguna síntesis de prensa. Yo leo Facebook , ahí está toda la verdad de todo el mundo. Los medios de comunicación tienen la noticia 24 horas des- pués, pero Facebook es en el momento, entonces ahí tienes un poder de información previo, que te permite evidente- mente enfrentar las situaciones que la sociedad presenta. El Bronco otorga la medalla “Olga Sánchez Cordero” a la Universidad Metropolitana de Monterrey. GM.- ¿Y cómo cambiarías esto? JRC.- Todo se cambia con el trato. La receta no es Harvard, la receta no es la academia, la receta no son los expertos. La receta es el sentido común. ¿A poco tú en tu relación, si tienes una pareja le dices “te atendí, te hice de comer o llevamos a nuestros hijos a la escue- la tantas veces” para evaluar una relación? No. Pero eso es lo que hacen los gobernantes: “Hice tan- tos hospitales, construimos tantas escuelas, hice esto, aquello”. Ahí debes decirle al gobierno: “espérate. Esa es tu chamba con los impuestos”. Entendí que la fórmula más efectiva para lograr la confianza de la gente es que te abras. Yo sabía que me iba a casar con la mujer engañada. Esa mujer es la sociedad, quien lo ha sido mil veces. Me casé con ella porque la quiero y tengo que demostrarle que conmi- go le va a ir bien. Pero eso no se dice, se prueba. La parte del sentido común es muy importante si te abres. Después de casarte con la sociedad enojada, no tenemos que ir a la confrontación. Debemos tranqui- lizar sin engañar; debemos resolver los problemas de una sociedad, sin prometer de más. Pero la sociedad también se volvió comodina con el hecho de que “yo te pago los impuestos y tú me tienes que resolver todo”.
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