Especial de Campeche

188 | Real Estate Market L I F E S T Y L E • A R T E Este uso del dibujo estructurado como palimpsesto nos remite a las huellas de la memoria emergiendo en el presente. Las som- bras, los borrones, los barridos son como las cicatrices históricas de los procesos de civilización: por más que se frieguen y se higieni- cen, se encubran y se vuelvan a estructurar, la marca del trauma es indeleble. Sobre una misma superficie geográfica se construye una narrativa con el eco y los restos del pasado. Como apunta Carolyn Christov-Bakargeiv, especialista en el trabajo del artista: “La técnica de borrado de Kentridge se hace eco de una de las estrategias del racismo en la época moderna. La modernidad es una moneda de dos caras: por una parte valora el progreso, la razón y los valores universales de la Ilustración, como la democracia. Por otra, valora al individuo (la persona) y la subjetividad colectiva (la nación). Cuando Estado y Nación coinciden se desa- rrolla el racismo, ya sea sobre las bases de hacer inferior e ‘invisible’ (borrado) al grupo que discrimina, asignándole las tareas más humildes de la sociedad (opresión), o sobre las bases de la segregación y diferenciación de un grupo por- que sus características culturales son percibidas como un peligro para la pureza e integridad de la cultura del grupo dominante (separación).” El trabajo animado de Kentridge da cuenta del proceso sistemá- tico de limpieza racial que instrumentó el apartheid . Y en una lectu- ra más amplia da cuenta del proyecto de civilización implementado por las sociedades modernas. La Ilustración opera bajo el principio de identidad, de ahí que lo diferente, lo desconocido, lo otro se someta a un proceso de pu- rificación y mimesis. Los métodos que ciernen la limpieza racial en estas sociedades se basan en la integración, mediante el encubri- miento y la disolución de lo otro. Y en la conducción fuera del sis- tema para preservar la raza, es decir, el exterminio del otro. Este principio de identidad dominante en las sociedades que se proclamaron como “modernas” es el operario de los crímenes y las atrocidades más caras que ha pagado la humanidad. La toma de poder de una minoría blanca sobre una mayoría ne- gra instrumentada por el apartheid es el hito que marca la historia personal y colectiva de cada sujeto sudafricano. El trabajo de Kentridge está informado por ese proceso de se- gregación racial que se implementó legalmente en 1948, tan sólo siete años antes de su nacimiento, y que fue abolido en 1994. Eso explica que el reconocimiento internacional de su trabajo se haya dado a mediados de la década de 1990. Aun desmantelado el apartheid , el ideal democrático y el proyec- to de integración social en ciudades como Johannesburgo tenían cabida apenas como una realidad volátil en la que los ricos y los pobres compartían un mismo espacio metropolitano. Tal como apunta Kentridge: “Nunca he sido capaz de huir de Johannesburgo, las cuatro casas en las que he vivido, mi colegio, el estudio, todo está a una distancia máxima de tres kilóme- tros. Y al final, toda mi obra tiene sus raíces en esa ciudad provinciana y bastante desesperada. Nunca he intentado hacer ilustraciones del apartheid, pero los dibujos y las películas han sido ciertamente fecundados y alimentados por la brutalizada PHILADELPHIA MUSEUM OF ART PHILADELPHIA MUSEUM OF ART

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