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190 | Real Estate Market (En esta página) The Dream Le rêve Nice-Cimiez, Hôtel Régina, (late 1939-) September 1940 Oil on canvas, 31 7/8x 25 1/2" (81x65 cm) Signed anda dated lower right: "Henri Matisse 9/40" Private Collection Henri se trasladó a la ciudad epicentro de la Riviera francesa, primero esporádica- mente, en invierno sobre todo, y luego de forma permanente. “Cuando comprendí que cada mañana podría volver a ver esta luz no po- día creer que tuviera tanta suerte. Decidí no abandonar Niza” . Esta ciudad playera, en el departamento de los Alpes Marítimos de la región de la Provenza-Alpes-Costa Azul, es en la actuali- dad la más visitada de Francia y la quinta en población. Niza perteneció a Italia hasta bien entrado el siglo XIX. Situada en lo más gla- moroso de la Riviera Francesa, entre Cannes y Montecarlo, sirvió de inspiración a Matisse hasta el final de sus días, y se despliega aquí en estas imágenes con su luz desbordada y sus colores saturados. Allí, su obra pareció ralentizarse, vol- verse menos evolutiva, más autocompla- ciente. Pero nada más lejos de la verdad, este tiempo de desconexión con lo real, de diseñar un mundo paralelo ordenado nada más que por las formas, las líneas, L I F E S T Y L E • A R T E los colores y los ritmos, lo condujo a su propio yo creativo, al sentido mismo de su arte. “Tenía tras de mí largos y fatigosos años de experimentar. Años en los que traté por todos los medios, no sin conflictos internos, de ar- monizar estos experimentos con una obra que de- bía mostrar algo desconocido”, escribía Matisse en aquellos años analizando su propia evolución plástica. Se mantuvo fiel a sus presupuestos ex- presivos y morales desarrollando una pin- tura de celebración de la vida, sin atisbo de drama o muerte o decadencia o finitud siquiera; que tiene además la virtud de mantener su frescura pese a los achaques lógicos del tiempo. Imágenes que permanecen actuales, que al volver a verlas, que cada vez que son vistas, relumbran sin deslumbrar, con el mismo sentido que tenían cuando fue- ron pintadas como si la última pincelada acabara de rozar la tela; no han perdido ni un ápice de su intensidad. Ya decía el ge- nial Luis Cardoza y Aragón que “todo ar- te vive en el presente”, pero la obra de

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