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La construcción es uno de los sectores productivos del país con mayor rezago, porque además del fuerte impacto que ocasionó la pandemia, ya venía en un ciclo negativo de año atrás. Esa inercia adversa, más la debilidad de la inversión pública y privada de la mano con el fuerte repunte de precios en sus materias primas, propiciaron que la recuperación se hiciera más lenta. 

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Después de varios años con tasas de crecimiento negativas, en 2021 se presentó un efecto rebote en la industria de la construcción, que a pesar de que fue limitado, podría estarse gestando un nuevo ciclo de crecimiento que, todo parece indicar, se alargará al menos hasta 2022.

Según el Producto Interno Bruto (PIB) del sector, su nivel de producción ha ido en descenso constante, y pese al repunte observado en 2021, su recuperación es marginal.

Información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), indica que, de enero a octubre de 2021, la industria de la construcción presentó un crecimiento de 8.6% en comparación con el mismo periodo del año anterior.

El resultado, por sí solo, puede ser interpretado como positivo, sobre todo porque está creciendo por encima de la economía en su conjunto en el mismo periodo. Sin embargo, al compararlo con el resultado del año 2020, cuando el sector experimentó una contracción de -17.2%, entonces se aprecia la pobre recuperación.

Al respecto, Francisco Javier Solares Alemán, presidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), mencionó en una entrevista televisiva que, de la pandemia a la fecha, la industria muestra una recuperación incipiente y que cerraría el año 2021 con un 6% de crecimiento, sin lograr recuperar los niveles prepandemia.

Para el representante del gremio, el sector lleva una línea descendente desde hace 13 años, que se acentuó durante la etapa más fuerte de la crisis sanitaria derivada del nuevo Coronavirus. Estimó que en dicho periodo el sector acumuló una contracción de 38% en su nivel de producción.

Sin embargo, prevé que la industria seguirá avanzando, aunque mencionó que son necesarias la certeza jurídica e inversión privada en los diferentes proyectos: “La certidumbre jurídica es fundamental, y con eso debemos seguir avanzando para invertir más dinero, que el gobierno acepte la inversión privada en proyectos públicos”.

Cabe señalar que, de acuerdo con un análisis de Banco Base, hasta el mes de octubre de 2021, considerando las cifras desestacionalizadas que presenta el INEGI, el sector construcción se ubicó -7.14% por debajo de su nivel prepandemia (febrero de 2020), siendo el más rezagado de toda la actividad industrial.

 

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En octubre de 2020 presentaron, el Gobierno Federal y el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), 39 proyectos con una inversión de 297 mil mdp.

 

Repunte limitado

El 2021 comenzó con mejor perspectiva para la industria de la construcción debido a una demanda acumulada por proyectos suspendidos en 2020, al anuncio de planes de infraestructura en economías desarrolladas y a una baja base de comparación por la fuerte contracción del año previo. Lo anterior, incluso con un escenario de precios favorable.

Asimismo, por los planes de infraestructura que a principios de octubre del 2020 presentó el gobierno federal y el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), con 39 proyectos que tendrían una inversión de 297 mil millones de pesos (mdp). A principios de 2021, se presentó un segundo paquete con 29 obras, por un monto de 228 mil millones de pesos.

Sin embargo, la inversión no ha repuntado como se deseaba y ello ha implicado un lastre para el repunte del sector. Precisamente, la inversión en construcción acumuló, de enero a septiembre, un repunte de 6.6% a tasa anual, donde la inversión residencial fue el principal motor del incremento con un avance de 10.3%; en contraste, la inversión no residencial reportó, en el mismo periodo, un avance de 3.0% en comparación con los mismos meses de un año previo.

Las cifras son contundentes al mostrar el fuerte rezago respecto al ajuste que observaron en 2020 cuando la inversión en construcción cayó -17.4%; por grandes segmentos, la residencial se ajustó -15% y la no residencial sufrió una mayor caída a ritmo de -19.7 por ciento.

Cabe recordar que la inversión residencial, y en general toda la edificación, son fundamentalmente de la Iniciativa Privada, que responde a condiciones de oferta y demanda, al acceso a financiamiento y capital, pero sobre todo también a temas de confianza.

Por su parte, la inversión no residencial (obras de ingeniería civil) depende, en su mayoría, del gasto público, el cual, sabemos, se ha concentrado en los cuatro grandes proyectos de infraestructura del gobierno federal. Durante 2020 se invirtió el equivalente al 2% del PIB en construcción de infraestructura, recursos públicos, cuando lo ideal debería ser de al menos el 5 por ciento.

El presidente de la CMIC explicó que, antes de la pandemia, el 75% de la inversión en el sector era privada y 25% pública, pero durante la crisis sanitaria se volvió 60 y 40%, respectivamente, pero sin crecer la pública, lo que significa que la inversión de los particulares se contrajo de gran forma.

Pero una piedra en el zapato para el sector son los precios de los insumos, que, en algunos casos, como el acero, se dispararon.

Ahora bien, la recuperación ha sido desigual, no ha sido homogénea, por ejemplo, el repunte el sector inmobiliario está rezagado en la Ciudad de México, donde se concentra el 70% del desarrollo inmobiliario del país, pero en otras entidades como Monterrey va muy bien.

 

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Vientos de esperanza

Un análisis de Banorte sobre el sector indicó que “la confianza empresarial y los datos de tendencia agregada de noviembre mostraron un alza generalizada, señalando que una recuperación gradual podría estar en pie. De acuerdo con el presupuesto para 2022, el gobierno busca acelerar la inversión, enfocada en los proyectos prioritarios”.

El análisis indica que, “aunque positivo –especialmente para la ingeniería civil–, la incertidumbre sobre el panorama exacerbada por las nuevas variantes de Covid-19, mayores costos de insumos y energéticos siguen siendo algunos de los retos más importantes que impiden un mayor dinamismo”.

Agrega que seguirán monitoreando las noticias sobre proyectos público-privados, que se han retrasado y apuntaron que, en ese sentido, el presidente de la CMIC, Francisco Solares, mencionó que los retrasos han prevenido una recuperación más sustancial. En específico, estima que los proyectos anunciados en los primeros dos paquetes han progresado alrededor de 30% relativo a las expectativas.

Hacia adelante, sigue confiado de que el tercer paquete será presentado con mejores condiciones para su ejecución, lo cual es la razón de su retraso actual.

Para 2022, estima una inversión del 3.5% del PIB para inversión en infraestructura, que incluye las cuatro grandes obras, programas carreteros, terminación de la reconversión hospitalaria y escuelas, entre muchas otras.

Por su parte, Elisa Alejandra Vargas Añorve, analista bursátil de BX+, señaló que en 2022 México comenzará a ver beneficios por el Plan de infraestructura en Estados Unidos, por ejemplo, a través de la demanda de cemento, y debería de haber un mejor entorno en cuanto a los precios.

Sin embargo, este último factor aún muestra elementos de riesgo por las complicaciones en las cadenas de distribución e inflación; sobre los precios de energía altos previstos, se espera, persistan en la primera mitad del año.

Bajo estas consideraciones, analistas del sector privado prevén que el sector pueda crecer a la par de la economía en su conjunto, entre 2.5 y 3.5%, pero dependiendo de la fuerza que puede cobrar la inversión residencial (edificación), se podría tener un mejor desempeño.  

 

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Texto:Ricardo Vázquez

Foto: HUTTERSTOCK / FONATUR