El ciclo recesivo que vive hoy en día la industria de la construcción se profundizará y extenderá por la emergencia sanitaria, al grado que será el más acentuado desde 1995. Por lo tanto, cuando menos en 2020, el sector es un lastre para la economía y será probablemente hasta la segunda mitad del 2021 cuando inicie su recuperación.

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Al hacer un balance de cómo llegó la industria de la construcción al periodo previo a la crisis de salud por el Covid-19, fue fácil identificar que ya venía dañada y en medio de una recesión.

El Producto Interno Bruto (PIB) del sector de la construcción se contrajo -5% en 2019 de acuerdo con reportes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), por lo que es de los sectores con peor desempeño en la economía desde entonces.

Asimismo, durante el primer trimestre de 2020 (1T20) presentó una contracción de -8.2% respecto al mismo periodo del año previo. A esa tendencia desfavorable se le debe agregar que no fue considerada una actividad esencial, por lo que, una vez iniciado el periodo de Emergencia Nacional, prácticamente se detuvo la actividad; por tales motivos, en el segundo trimestre del año se prevé una caída de grandes proporciones, superior al 30% anual.

 

Debilidad anticipada

Una de las características históricas de la industria de la construcción es su prociclicidad; es decir, cuando la economía en su conjunto crece, este sector lo hace en mayor proporción, asimismo sucede con la economía que cae y su ajuste es de mayor magnitud. Debido a que maximiza la tendencia del PIB en su conjunto, siempre se la ha considerado como un termómetro económico.

Sin embargo, durante la administración sexenal pasada (2012-2018) se perdió esta sincronía, porque mientras el PIB nacional creció a un promedio anual de 2.4%, el de la construcción apenas lo hizo con un ritmo bajo de 0.85 por ciento. Si bien durante los seis años presididos por Enrique Peña Nieto el PIB del país creció en cada uno, en el caso de la construcción se presentaron contracciones en el 2013 y 2017.

Lo anterior, muestra que la debilidad del sector se empezó a gestar desde tiempo atrás. A partir de 2015, cuando iniciaron los recortes al gasto público en la administración de Peña Nieto, el segmento de la construcción de obras de ingeniería civil fue perdiendo fuerza progresivamente y, desde 2018, inició un ciclo de crecimiento negativo; sin embargo, la edificación se mantenía sólida y soportó, de alguna manera, un crecimiento moderado del sector.

De acuerdo con el INEGI, durante 2017 la construcción en su conjunto se contrajo -0.8%, mientras que en 2018 registró un crecimiento marginal de 0.5 por ciento.

La debilidad del sector venía solamente por el lado de la obra pública, es decir, por la construcción de obras de ingeniería civil; sin embargo, desde el segundo trimestre de 2019, se sumó la edificación por la falta de confianza de los desarrolladores.

Precisamente con la nueva administración de Andrés Manuel López Obrador, además del subejercicio normal del gasto público que se presenta en cada primer año del nuevo gobierno, se tomó la decisión de detener la construcción de las grandes edificaciones, afectando principalmente a la Ciudad de México y la inversión privada del sector construcción.

 

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Como esa medida debilitó más el desempeño de la actividad. Hace algunos meses, se consideró que en 2019, se había vivido la parte más profunda de su ciclo económico, sobre todo al prever que a partir de 2020 se implementaría el Programa Nacional de Infraestructura (PNI), lo que anticipaba que la construcción de obras de ingeniería civil revertiría su tendencia negativa.

Cabe recordar que, a finales de noviembre de 2019, se presentó el Acuerdo Nacional de Inversión en Infraestructura del Sector Privado, que incluía un paquete inicial de 147 proyectos con una inversión privada de 859 mil 22 millones de pesos (mdp), que equivalen a 42 mil 951 millones de dólares (mdd) y el 3.6% del Producto Interno Bruto.

Analistas del sector privado consideraron entonces, que este programa llegó en un buen momento para generar certidumbre a la inversión y que el sector se recuperaría. Adicionalmente, desde entonces se indicó que en el 1T20 se presentaría el Programa de Energía, lo que hasta la fecha no ha sucedido, y que entre ambos propiciarían pronto un punto de inflexión para la industria de la construcción, muy probablemente a partir del segundo semestre de 2020.

 

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Cambio de perspectiva

El análisis de BBVA denominado 'Situación Inmobiliaria México, Primer semestre 2020' indicó que la construcción dejó en 2019 un año gris para iniciar uno más oscuro.

Al iniciar el 2020, las cifras de inversión en la construcción no mejoraron, entre enero y marzo reportó una contracción de -7.2%, en tanto el PIB de la construcción se contrajo -8.2% en el primer trimestre, ambos en comparativos anuales. En abril y mayo la inversión en el sector cayó a tasa anual de -36.2 y  -33.7%, respectivamente, mientras su nivel de producción se contrajo -38 y -36.3% en cada caso; el PIB del segundo trimestre cayó alrededor de -30 por ciento.

El resultado negativo se debe al mal desempeño de sus tres subsectores. Anteriormente solo la obra civil tenía una contribución negativa al sector, pero ahora se suma la edificación que sigue siendo el subsector de mayor peso.

Hasta el último dato oficial, la obra civil acumulaba 17 trimestres cayendo, mientras que la edificación solo del 2T19 al 2T20. Del lado de ésta última, la contracción se debe a la marcada caída de la demanda por vivienda y la edificación productiva; en tanto que la primera sigue pagando la contracción de la inversión pública en infraestructura, afirmó el análisis ‘Situación Inmobiliaria México’ de BBVA.

Sobre este desempeño, Eduardo Ramírez Leal, presidente nacional de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), expresó que el sector llegó a la tormenta perfecta que significó el Covid-19 con un decrecimiento muy importante. No obstante, agregó que la construcción tiene una gran capacidad para reactivar la economía por su efecto multiplicador y el impacto en las cadenas productivas.

Destacó que el sector de la construcción es el cuarto mayor aportador al PIB y el tercer generador de empleo en México, de ahí su importancia económica.

Sin embargo, junto a la detención de obras que se presentó desde 2019, llegó la crisis sanitaria que a finales de marzo determinó que se detuviera prácticamente toda la actividad, a excepción de las obras de infraestructura insignia de la actual administración federal.

 

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A pesar de que hay obras emblemáticas del gobierno, el total de recursos estimado para inversión pública sigue cayendo. 

 

Escenario adverso

En términos de expectativas, la industria de la construcción está sumida en uno de los peores escenarios de los últimos 25 años.

En 2020, la contracción esperada para el sector es de -13% y su recuperación podría darse hasta la segunda mitad de 2021, afirmó Carlos Serrano, economista jefe de BBVA México. En su informe ‘Situación Inmobiliaria México’, señaló que se tendrá un proceso recesivo más profundo y largo que la crisis anterior y que, incluso, la contracción será la más pronunciada desde 1995, cuando se desplomó 32.3 por ciento.

Al respecto, el presidente de la CMIC declaró, en entrevista con El Economista, que los malos resultados desde el año pasado son consecuencia de políticas públicas que no están funcionando y afectan a toda la cadena productiva. “El año pasado tuvimos una baja del -5% en la construcción y así como vamos se puede prever una caída superior al -12%, con todo lo que eso implica. Urge que volvamos a tener actividad y que se acelere el gasto público”.

Un análisis de la consultoría Deloitte indicó que el PIB de la construcción caería este año 16%, con base en el comportamiento que ha tenido durante el primer semestre de 2020. Como cifra comparativa, de enero a mayo la producción del sector construcción se contrajo -19.4% a tasa anual.

BBVA señaló que tras haber llegado con mucha debilidad a la crisis del Covid-19, así se mantendrá al menos hasta la primera mitad de 2021. Es decir, que el ciclo recesivo del sector durará dos años y medio, por lo que será más largo y profundo que la crisis anterior del sector.

El análisis hace referencia a que la contracción de la industria a partir de 2019 se explica por tres razones fundamentales:

  • La pérdida de confianza de los inversionistas que participan.
  • La política de cierre de construcción del nuevo gobierno, principalmente en la Ciudad de México
  • El cada vez menos espacio fiscal para la realización de obras de infraestructura.

Serrano expuso que a pesar de que hay obras emblemáticas del gobierno, el total de recursos estimado para inversión pública sigue cayendo, lo que es preocupante porque la capacidad para invertir en infraestructura por parte de las entidades gubernamentales está cada vez más mermada.

Por la debilidad del sector construcción desde antes de la llegada de la crisis derivada por el Covid-19 y los efectos de éste, que le restan margen de maniobra fiscal para la inversión en infraestructura, los analistas de BBVA México anticipan un escenario de mayor duración en la contracción que en crisis anteriores dentro de la industria.

 

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La edificación ha sido el pilar de la construcción históricamente, y en los años recientes a 2019 compensó la continua caída de la obra civil; pero desde entonces se frenó rápidamente ante la combinación de una menor obra residencial, industrial y comercial. Del lado de la obra civil, se observa la misma tendencia negativa que en la edificación, pero aún más marcada. Pese al incremento de más del 10% en términos reales del presupuesto a obra pública en el 2019, este subsector no mejoró, en parte debido a reasignaciones de gasto, pero también al rezago en el inicio de las obras emblemáticas de esta administración, así como a la ausencia del PNI y ahora por lo limitado del presupuesto.

El informe 'Situación Inmobiliaria' indicó que la mayor parte del resultado negativo se deberá a la inactividad por la contingencia, pero debe enfatizarse que antes del inicio de esta situación sanitaria, ya había indicadores del sector que apuntaban a una contracción, como es el caso del valor de la producción que reportan las empresas constructoras, la actividad industrial en construcción, los registros de vivienda y la ausencia de un PNI. Agregaron que el impulso por parte de la política monetaria para abaratar el crédito no tendrá un efecto significativo si no existe actividad.” Por más que bajen las tasas de interés, el crédito no podrá construir si no se les permite a estas empresas regresar a su actividad y se aumenta la inversión”.

El análisis concluye: “Estimamos que el PIB de la construcción caerá -13% en términos anuales de mantenerse las condiciones actuales. Siendo esta vez la edificación la que lidere la caída, mientras que la obra civil seguirá en terreno negativo, pero en menor magnitud gracias a las obras en energía y transporte. El sector podría volver a crecer hacia finales del 2021, primero como un efecto base y después por la vuelta a la normalidad de las actividades. No obstante, sin una fuerte inversión no habrá una recuperación a los niveles de hace cinco años. Es momento de valorar cambiar de estrategia de política pública para redireccionar los recursos de las obras emblemáticas, que en el mejor de los casos tendrán una rentabilidad de largo plazo, y enfocarlos en el sector salud para terminar lo más pronto posible con la contingencia, recuperar los empleos perdidos, fomentar la demanda por vivienda, aumentar la inversión productiva y permitir la inversión privada en el sector energético”.  

 


Texto:Jesús Arias

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