Durante muchos años se ha hablado sobre la necesidad de planeación en materia de infraestruc-tura, porque cada vez que hay cambio de gobierno, se piensa, de manera incorrecta, que se reinventa el país.

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INFRAESTRUCTURA

 

Durante muchos años, se ha hablado sobre la necesidad de una agencia de planeación de infraestructura que sea autónoma, independiente y pueda trascender los cambios de gobierno para que pueda contar con una visión de largo plazo; lejos de los objetivos políticos de corto plazo que en ocasiones rigen este tipo de proyectos.

Por ejemplo, actualmente, el gobierno tiene dentro de su estrategia detonar la región sur sureste del país, mediante mega proyectos como el Tren Maya y el Corredor del Istmo de Tehuantepec son proyectos ‘vivos’  que deben irse ajustando en función del entorno, los avances tecnológicos y el éxito de los mismos. El contar con una entidad (agencia o similar), que pueda pensar en un horizonte de 10-20 años, permitirá maximizar el impacto de estos proyectos y evitar que pueda entrar una nueva administración que decida cancelarlo.

En infraestructura, siempre se habla mucho sobre la necesidad de tener una cartera robusta de proyectos, pero la cartera debe responder, antes que nada, a una visión del país. Cuando no se tiene claro cuáles son los objetivos que deseo obtener, mi cartera de proyectos difícilmente logrará ayudarme a alcanzar esa visión.

 

 

 

 

Existen países que cuentan con una visión estratégica definida y con base en esta visión, marcan objetivos claros para diferentes periodos de tiempo, por ejemplo; impulsar el desarrollo económico (1-3 años), anticiparse a los cambios tecnológicos (5-10 años), prevenir impactos demográficos (20 años) y lograr un posicionamiento global y de identidad (más de 20 años).

No podemos seguir con una visión del país que parece reinventarse cada sexenio, se requiere de una política de estado que trascienda administraciones. Hay una pregunta fundamental que debemos hacernos: ¿Qué México queremos ser?; ¿queremos competir en manufactura?, ¿queremos ser potencia turística?, ¿queremos lograr un desarrollo de mega-regiones?

Por ejemplo, si queremos un país con un enfoque turístico, entonces se pensará en conectar los polos de desarrollo turísticos, en cuidar las reservas naturales y territoriales alrededor de los destinos. Pero, si se pretende un país manufacturero, se tendría la visión de invertir en innovación, suministro de energía barata y en corredores logísticos que ayuden a exportar dichos productos.

Responder a estas preguntas nos dará la visión estratégica, y solo entonces, podremos tener una cartera de proyectos que tengan coherencia.

Lo más importante de la infraestructura, no es construir, es dar un servicio. Construir por construir, solo lleva a sobre costos o peor aún, a elefantes blancos.

Si partimos desde que lo importante es el servicio (ejemplo, lo importante no es hacer una carretera, sino la movilidad), entonces esa cartera de proyectos que se busca como país, toma un matiz totalmente distinto.

 

Retos de la infraestructura Actualmente, el sector infraestructura se enfrenta a varios retos:

Falta de visión estratégica: Si no se sabe a dónde se quiere llegar, de nada sirve elaborar una cartera de proyectos que después deberán ser adaptados o cancelados.

Rezago en innovación:  El sector infraestructura suele adoptar las innovaciones tecnológicas de manera tardía; al ser una actividad muy tradicional, a este tipo de inversiones se les ve como gasto. Aspectos como herramientas digitales de control de proyectos, realidad virtual para diseño y capacitación, Inteligencia artificial para el diseño de redes, soluciones “Smart” para mejorar la eficiencia de ciudades, son solo algunos ejemplos de nuevas tendencias.

Necesidad de nuevos esquemas de financiamiento: Se deben impulsar nuevos mecanismos de financiamiento, que además de agilizar el desarrollo de proyectos, contemplen aspectos como la resiliencia y ayuden a combatir el cambio climático. Adicionalmente, existen esquemas que no representan un endeudamiento para el sector público y que traen grandes beneficios económicos, como contratos de desempeño y modelos tipo ESCO.

Falta de recursos para cubrir el déficit existente: El déficit de infraestructura es tan grande (y continua creciendo), que los recursos públicos nunca serán suficientes; sin el apoyo del sector privado, no se logrará tener una economía más competitiva.

 

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Inversión insuficiente

De manera general, los países deberían invertir entre un 5 y 6% del PIB en infraestructura, si se desea mantener el crecimiento económico. México, históricamente ha invertido entre un 2.5-3.5%, incluso ha habido algunos planes que buscaban llevar esta cifra al 5%, pero todo indica que no lo consiguieron.

Cuando se ve a detalle, podemos darnos cuenta el  porcentaje de inversión privada en infraestructura es bajo en México (25%), cuando se le compara con países más desarrollados como Inglaterra o Chile; donde este porcentaje alcanza un 45%, aproximadamente.

Entonces, si sabemos que se debe invertir más en infraestructura y que el porcentaje de participación privada en el sector aún tiene espacio para crecer, se vuelve inminente la necesidad de fomentar la participación privada en el sector.

 

Cuando no se tiene claro cuáles son los objetivos que se desean obtener, la cartera de proyectos difícilmente logrará ayudar a alcanzar esa visión.

 

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Opciones de participación del sector privado

Si bien aún no está clara la posición del gobierno actual en materia de asociaciones público privadas (APP), lo que sí parece obvio es la necesidad de impulsar proyectos; por lo tanto, un sector privado propositivo y activo, puede encontrar terreno fértil para identificar oportunidades.

Las empresas que sigan esperando a que lleguen las licitaciones públicas, o bien, a que los busquen para promover alguna APP, quedarán rezagadas, pues deben entender que las reglas del sector han cambiado.

Modalidades como las Propuestas No Solicitadas (PNS) tendrán mayores posibilidades de éxito, esto debido a que es una gran forma de traspasar conocimiento del sector privado al sector público, y de agilizar la etapa de estudios de prefactibilidad. Actualmente, existen varias de estas PNS en proceso, sobre las cuales escucharemos en los meses próximos. 

Quizá, ser más proactivo y tomar mayor riesgo al proponer proyectos sea difícil para muchas empresas privadas, sobre todo cuando años atrás estaban acostumbradas a un modelo más tradicional de licitación públicas; pero la alternativa, que es quedarse esperando, no parece que vaya a rendir frutos… al menos a mediano plazo. 

 

 

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Texto:Eduardo de la Peña

Foto: Profimedia.cz / edu / Open Addiction / CICSA /